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sábado, 9 de diciembre de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE PARTE IV







Es muy importante que a los niños se les eduque y se les explique el valor de las virtudes porque así las tendrían como base de sus expresiones mentales, sentimentales y físicas. Si no se hiciera esto y los niños se educaran entre el mal sería éste el que actuaría como base y se impondría muchas veces sobre las intenciones del bien. Es necesario elevar la consciencia a niveles espirituales del Mundo del Pensamiento donde el Ego pueda percibirla y así expresarse, esta es la única forma de unión y de hacer que la personalidad sea absorbida y dirigía conscientemente por el Ego. Cuanto más desarrollo espiritual de la personalidad, más fluidez habrá por parte del Ego hacia nosotros, siempre que nosotros estemos preparados para ello. Algunos de los trabajos que podemos hacer para conseguir esa fluidez son:

1º.- La auto-observación de uno mismo para analizar cómo pensamos, sentimos, hablamos y actuamos y así discernir y actuar voluntaria y conscientemente en cada momento.
2º.- Seguir el sendero del corazón o de las emociones superiores que nos lleva a procurar expresar siempre las virtudes o cualidades desarrolladas (amor, cariño simpatía, generosidad, etc.) Este sendero desarrolla el segundo aspecto del Triple Espíritu (de amor) que, a su vez, afectaría al Cuerpo Causal del Ego y de este pasaría al cuerpo de deseos.
3º.- Seguir el sendero de la mente, que es el de los científicos, de los matemáticos y de todo aquel que intente comprender lo abstracto haciendo que la personalidad reciba información del Ego por medio de la intuición y la inspiración.

            El Ego sabe que tarde o temprano tendrá que atender plenamente a la vida física del hombre pero, por lo general y puesto que el reflejo del Ego sobre la personalidad es mínimo, no le presta mucha atención, sobre todo porque esa pequeña parte se distrae en hechos inútiles o se mete en líos que en nada benefician al Ego. Son pocas las veces que el hombre hace algo útil (en sentido de desarrollo) o que le ocurra algo que atraiga la atención del Ego porque necesite de su atención. Es muy posible que el mayor inconveniente en este sentido sea el hecho de que el hombre actúa instintiva, automática e inconscientemente casi las 24 horas del día. Si pusiéramos atención  voluntaria y conscientemente en lo que hacemos y decimos, y nos observáramos para ver qué clase de deseos, emociones, sentimientos y pensamientos tenemos, seguro que haríamos mucho bien y muy poco mal lo que, sin duda, atraería la atención del Ego. Solemos vivir inconscientemente pensando que lo que tenemos y lo que nos rodea es la realidad, y no sabemos que la realidad está en la vida interna y en intentar alcanzar conscientemente los ideales más elevados.

            No podemos exigir la atención o la ayuda del Ego si nosotros no nos preocupamos de hacer todo lo posible para que el canal de comunicación entre el Ego y nosotros se expanda. Si queremos que él nos ayude debemos trabajar para él. Él y nosotros, los ocultistas, sabemos que el acercamiento y la unión de ambos solo se puede producir por medio del mejor y correcto uso que se pueda hacer de los cuerpos que componen la personalidad, y eso solo está en nuestras manos. Esto es más fácil de comprender en los aspirantes espirituales y ocultistas serios pero es totalmente incomprensible (por no decir que les puede parecer absurdo) para los que están dominados por los vicios, por las pasiones y por el materialismo; estas personas suelen encontrarse tan bien con la vida que llevan que ni siquiera ven motivo para intentar esforzarse en cambiar. Por consiguiente, no es de extrañar que el Ego no preste apenas atención a estas personas y les deje que aprendan por medio del karma que están creando. Por supuesto que esto no significa un abandono total en esa vida por parte del Ego, ya que si algo importante atrae su atención, facilitará la ayuda que pueda.

            Los que estudiamos ocultismo, entre otros, sabemos que somos personalidades y que normalmente, actuamos como tal, pero también sabemos que tenemos un Ego en las regiones superiores que es el verdadero hombre que debemos alcanzar; sin embargo, ¿Cuántas veces al día actuamos como si fuéramos el Ego? ¿Cuántas nos esforzamos en hacer algo que atraiga su atención? Cuanto más consigamos convertir en hábito el hecho de sentirnos él, más viviremos en la realidad. Aun en los casos más atrasados en que el Ego no esté muy desarrollado, cualquier colaboración por parte de la personalidad es un adelanto y una manera de acortar renacimientos, por consiguiente, ¿qué no va a hacer el Ego por las personas que se esfuerzan en superarse? Un aspirante espiritual no puede pensar que tiene la ayuda del Ego para alcanzar la iniciación si no se propone seriamente esforzarse y sacrificarse. La iniciación se alcanza solo cuando la personalidad es absorbida por el Ego y se convierten en uno, entonces, cuando nada queda de personalidad es cuando el Ego actúa directamente sobre sus cuerpos. No habrá progreso si no se dan oportunidades para que el Ego nos guíe y aconseje, por tanto, si alguien quiere progresar que comience a expresar lo más positivo del carácter y que continúe observándose (utilizando la mente conscientemente como el yo que es) para evitar hacer y expresar lo que no ayude al desarrollo del Ego.

            En la prehistoria solo expresábamos deseos y emociones inferiores porque la mente estaba comenzando a formarse, hoy, con todo lo que hemos adelantado mental y moralmente, todavía hay personas que adelantan tan poco como entonces porque sólo viven para el disfrute de los placeres o porque están dominados por vicios. Cualquier persona que aspire a cambiar de vida y de hábitos debe comenzar por seleccionar sus deseos y sus emociones para poder controlarlas por medio de la mente. Decir que es aconsejable auto-observarse o prestar atención es como decir que esa práctica nos lleva a ponernos (como fuerza) en el puesto del Ego cuando éste utiliza a la mente. Pensar en algo voluntaria y conscientemente es prestar atención a algo que nos incita a actuar o a expresarnos como Ego, o mejor dicho, es atraer al Ego para que actúe con voluntad sobre la mente. Y exactamente lo mismo podemos hacer respecto a las emociones y demás expresiones personales. El Ego desea tener experiencias de donde pueda extraer algún fruto y si pudiéramos preguntarle que qué espera de nosotros, seguro que no nos exigiría sino que simplemente nos aconsejaría actuar de la mejor manera posible para que ambos podamos progresar sin crearnos karma que nos ate a la rueda de renacimientos.

            Cuando en el estado post-morten salimos del Primer Cielo situado por encima del Purgatorio en los subplanos superiores del Mundo de Deseos, estamos limpios de malos deseos y sentimientos porque los hemos purgado y hemos extraído la quintaesencia de la vida pasada. Podríamos decir que los que quedan por trabajar kármicamente en las siguientes vidas, quedan latentes pero nunca tendrán relación con el Mundo del Pensamiento donde se encuentra el Ego. Solo los pensamientos, deseos y sentimientos buenos le pueden alcanzar y fortalecer en su desarrollo, los inferiores o negativos se quedan en los Átomos Simientes en el mundo al que pertenezcan. El Ego solo pone atención a los pensamientos y sentimientos cuya naturaleza esté de acuerdo con el Espíritu. Nuestra conciencia personal está tan afectada por lo terrenal que no nos damos cuenta de que el Ego está presente siempre en nuestra vida y creemos que solo lo está cuando dedicamos algún tiempo a la oración, a hacer ejercicios de meditación o a cualquier otra actividad que nos eleve hacia los planos espirituales. Puede parecer curioso pero el simple hecho de creer profundamente que el Ego está observándonos constantemente, hace que actuemos de otra forma.

            Suelo aconsejar la auto-observación en mis escritos y insisto que ésta debe hacerse consciente y voluntariamente, esto no es demagogia, es simplemente porque haciendo eso tenemos atada a la mente para evitar su acción ante los deseos, sentimientos y emociones. Si la mente está descontrolada y dejándose dominar por el cuerpo de deseos, no dejaremos esas pausas mentales que, a veces, aprovecha el Ego para inspirarnos o inducirnos. El hecho de renacer no es otra cosa que el descenso de ese hilo de vida y conciencia del Ego hacia los mundos inferiores, es decir, la formación de los cuerpos que llamamos personalidad. En cada renacimiento, se purifican un poco más los diferentes cuerpos y atraemos materia más pura para su construcción, lo que significa que llegará un renacimiento en que la consciencia personal se unifique con la del Ego, y entonces, como una sola conciencia egoica, él sabrá perfectamente lo que ocurre en los mundos donde se expresa.

            Hay un hecho muy importante que es conveniente saber, y es que, cuando una persona consigue unir su consciencia a la del Ego ya no la pierde ni siquiera después de la muerte, o dicho de otro modo, la muerte ya no existe para ella. Lo que para nosotros es una vida para el Ego es un día de actividad, porque el Ego no pierde la conciencia como nosotros después de la muerte del cuerpo físico. De esta forma, el verdadero hombre se va desarrollando gracias a la voluntad, al esfuerzo y a la lucha, haciéndose el autentico señor de sus vehículos. El hombre de cierto desarrollo que llega a tomar conciencia de que él es, en cierto modo, dicho señor, adquiere un poder que no lo tiene el común de la humanidad. Es posible que este Señor se vea obstaculizado por la acción y expresión de los cuerpos que él mismo creó, pero si se identifica plenamente como tal y consigue estar más en contacto con la personalidad, alcanzará mucho antes sus objetivos.

            El contacto más notable que en la etapa actual humana se puede hacer con el Ego es por medio de la intuición, que es la vía de comunicación que utiliza desde las regiones abstractas del Mundo del Pensamiento. Hay veces en que tenemos que decidir o actuar en algún sentido pero con alguna duda y, sin saber porqué o sin haberlo razonado, tenemos la certeza de que la decisión que tomamos en ese momento es la más correcta, esto no es otra cosa que la recepción inconsciente de un consejo del Ego. El Ego sabe más que nosotros en esos casos, pero hay veces que no puede alcanzar el cerebro para imprimir su mensaje, es entonces cuando lo percibimos vía intuición. El hecho de consumir alcohol, tabaco o drogas es un impedimento para que el Ego no pueda impresionar el cerebro como debería. Cuando digo que el Ego “sabe” me estoy refiriendo a que el tercer aspecto del Triple Espíritu, el Espíritu Humano, facilita la inspiración; el Espíritu de Vida o segundo aspecto facilita la intuición respecto al bien y al mal; y el tercer aspecto o Espíritu Divino es el que ordena o impulsa a que el hombre siga haciendo el bien o dando lo mejor de sí mismo. Si lleváramos una vida más relajada y un mayor control de los cuerpos oiríamos más a menudo los consejos y susurros del Ego.

            Cuanto más atrás en la historia con más razón podemos decir que el hombre aprendía  más por las malas (por los efectos de sus causas negativas) y por la experiencia en general, sin embargo, hoy se está adelantando mucho por el correcto y controlado uso de la mente y por la intuición. Los dictados de la conciencia no es otra cosa que la voz del Ego cuando, basándose en su conocimiento, intenta ayudarnos dentro de sus posibilidades. Es cierto que el Ego puede equivocarse si está aún poco desarrollado (por ejemplo dándonos un consejo que no encaja con lo que con toda seguridad sabemos o conocemos) pero es un riesgo que debemos correr. Lo mejor en estos casos es siempre razonar profundamente desde lo interno, desde los planos más elevados que podemos alcanzar para ver si coincide con la intuición.


EL ALMA

            Comúnmente llamamos Alma o Ego al resultado de la acumulación de la quintaesencia de las experiencias que extraemos en cada vida de los cuerpos que utilizamos. Esto es, lo que puede llegar de bueno al Ego durante la misma vida (fruto de buenas obras, ejercicios espirituales y devocionales, etc.) más la quintaesencia que se extrae de dichos vehículos después de la muerte y una vez superado el Purgatorio y el Cielo. Esta quintaesencia también hace de conciencia para el hombre, advirtiéndole para que no haga el mal y amonestándole cuando lo ha hecho. De una forma u otra, el Ego utiliza este fruto de todas las vidas vividas para impulsar al hombre a hacer el bien y a esforzarse por purificar a la personalidad. Aunque normalmente se habla de Alma en singular, lo cierto es que el Alma es triple, como ya se ha dicho, y representa la contraparte del Triple Espíritu. Por consiguiente tenemos las siguientes tres Almas:

1ª.- Alma Consciente: Se desarrolla cuando hay rectitud y buenas intenciones para el mejoramiento, tanto en la acción como en cualquier otra experiencia y circunstancias. Su labor aumenta la conciencia del Espíritu Divino y será absorbida por éste en un futuro aún muy lejano cuando no necesitemos ya renacer en cuerpo físico.
2ª.- Alma Emocional: Esta Alma relacionada con el cuerpo de deseos se desarrolla gracias a los buenos sentimientos, deseos y emociones que el hombre pueda crear en sus acciones, palabras y pensamientos. Los resultados de todo esto mejora las virtudes del Espíritu Humano pero será éste quien la absorba en un futuro aún más lejano que la anterior.
3ª.- Alma Intelectual: Se desarrolla por los trabajos elevados que pueda hacer la mente (pensamientos elevados abstractos o espirituales, oraciones, ejercicios espirituales y devocionales, buenos pensamientos hacia el prójimo, etc.) Su desarrollo aumenta el poder del Espíritu de Vida, el cual la absorberá, también, en un futuro muy lejano.


Francisco Nieto

viernes, 10 de noviembre de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE (3ªparte)







EL EGO

            Ya hemos visto en el párrafo anterior cómo el Espíritu es el verdadero y eterno Ser porque lo diferencia Dios Mismo y se queda junto a Él. Esto significa que el Ego o Alma no es eterna porque nace cuando el hombre obtiene la mente y la autoconciencia y se sitúa en las regiones superiores del Mundo del Pensamiento desde donde “renace” en forma de personalidad. El Ego se puede considerar como una especie de expresión del Espíritu y digo esto porque solo hay una pequeña parte del Espíritu expresada. Recordemos que el Espíritu se manifiesta como tres poderes o aspectos en los mundos superiores y que cuanto más desciende más se ve velada su conciencia por las capas de “materia” de esos mundos con que se envuelve. Por ese mismo razonamiento, la personalidad comienza su evolución con un mínimo reflejo del Ego, ya que éste se envuelve en otras cuatro capas de materia o cuerpos todavía más densos. Por tanto, tenemos que la expresión del Espíritu desciende al subplano superior del Mundo del Pensamiento y que el Ego se expresa desde esos mismos subplanos desde donde utiliza como forma el Cuerpo Causal, y desde donde desciende dos mundos más para utilizar como vehículo más denso el cuerpo físico. Por esta razón se considera al Ego como el Alma de los cuerpos inferiores y, análogamente, el Espíritu se puede considerar el Alma del Ego puesto que el Ego recibe los resultados espirituales de sus renacimientos (gracias a los átomos Simientes) como ayuda para su desarrollo y éste mismo se lo pasa al tercer aspecto del Espíritu en forma de quintaesencia espiritual. Estos resultados, a lo largo de millones de años, son los que hacen que dicho tercer aspecto del Espíritu situado en esos subplanos superiores del Mundo del Pensamiento donde decimos que está el Ego, lo utilice para su evolución espiritual libre e independientemente del Cuerpo Causal que, al fin y al cabo, es un cuerpo que limita.      


            Cuando el ser humano comienza a desarrollarse como tal en sus primeros tiempos consideraba al Ego naciente algo así como un dios, y eso mismo es lo que ocurre con el Ego respecto al Espíritu. Por eso, el hombre primitivo cometía errores constantemente mientras que el Ego comete muy pocos gracias a los resultados de sus miles de renacimientos. Sin embargo, el Espíritu no se puede equivocar tan fácilmente porque aunque no tiene el perfecto conocimiento de los mundos inferiores, “su instinto” siempre estará basado en su propia naturaleza. Así es que, nosotros, desde la conciencia de vigilia, los deberíamos considerar nuestros guías en vías de perfección, puesto que ni el Ego ni el Triple Espíritu se han reabsorbido en el Espíritu como si hubieran desarrollado todos sus poderes espirituales latentes. La tríada superior tiene que desarrollarse gracias al cuaternario inferior, por eso mismo el Espíritu Divino no es el Espíritu sino la conciencia que conoce al Espíritu; el Espíritu de Vida es la conciencia que conoce perfectamente el papel de la vida en las formas; y el Espíritu Humano es la conciencia que se desarrolla por medio del conocimiento de lo externo o mundo físico. De los cuatro cuerpos de la personalidad en realidad dos son los motores de nuestro desarrollo, estos son los deseos y la razón, y estos son los que representan a dichos tres aspectos en su inmersión en la materia para que el Ego evolucione.

            El Espíritu tiene poco acceso o contacto con el Ego y mucho menos con la personalidad siendo las dos creaciones suyas, sin embargo, la reunificación de todos los resultados de la obra del Espíritu comienza en la personalidad puesto que es ésta la que se manifiesta para experimentar en el mundo físico. La personalidad intenta expresar y cumplir lo que percibe del Ego (todavía muy poco en la actualidad), y éste intenta hacer lo mismo respecto del Espíritu. Como resultado de todo este proceso, el Ego dominará y utilizará a la personalidad para su propio desarrollo, mientras que, a la vez, el Espíritu aprende a gobernar al Ego. Esta comunicación cada vez más estrecha de la personalidad con el Ego culminará, en su momento, con la absorción de la personalidad por parte del Ego. Por último y en un tiempo aún muy lejano, el Ego será absorbido por el Triple Espíritu consiguiendo así el resultado del Plan de Dios, que no es otro que, un Rayo de Su Vida Una desarrolle los poderes que lleva latentes y se convierta en un Dios.       

            Hemos mencionado en estos últimos párrafos al Cuerpo Causal como vehículo del Ego, el vehículo donde se acumulan todas las esencias de las experiencias obtenidas en los renacimientos; es decir, el medio que utilizará el Ego para contactar con el Espíritu. Este Cuerpo Causal en forma de esfera, aumenta en tamaño, luz y poder con cada renacimiento. En realidad es aquí, en los subplanos del Espíritu de Vida y en este Cuerpo Causal, donde está latente la llamada Conciencia Crística que todos debemos desarrollar en el futuro. Como ya dije, en este cuerpo están los cuatro Átomos Simiente de los cuerpos personales y es gracias al aporte de resultados después de cada vida como se va desarrollando. A la vez, cada uno de los tres Átomos inferiores forman una especie de centro de contacto con los tres estados de conciencia que llamamos Alma Consciente, Alma intelectual y Alma Emocional. Resumiendo lo anterior diré que: Cuando el Ego renace proyecta parte de su conciencia sobre los cuerpos construidos, (vibrando cada uno de acuerdo al desenvolvimiento de su átomo correspondiente) y se fusiona con la forma y su conciencia para limitarse y hacerse parte de ella. Imitando a Cristo que se sacrificó para redimir y salvar a la humanidad, la conciencia del Ego primero, y la del Espíritu después, no se reabsorberán en ellos totalmente hasta que no rediman y salven a la personalidad. Esta será la etapa en que funcionaremos en la conciencia espiritual porque los chacras estarán en equilibrio y positivamente activos, y porque estaremos polarizados en el Cuerpo Causal para utilizar voluntaria y conscientemente los cuerpo inferiores.

            En otros párrafos he hablado, en sentido figurativo, de que el Ego renace en sus vehículos, pero esto merece una más amplia explicación. Si de lo que se trata es de desarrollar las cualidades del Ego, el sistema más idóneo en nuestra época para ello es el de renacer en el mundo físico para obtener experiencias. Y para que estas experiencias e impactos lleguen a la conciencia del Ego, éste debe proyectar una parte de sí mismo hasta llegar al mundo físico para luego retraerse hacia el Cuerpo Causal con los resultados de sus experiencias, o sea, como hace el Espíritu desde su propio mundo respecto al Triple Espíritu.  Cada descenso de esa parte de la conciencia del Ego hacia el mundo físico, cada renacimiento, es una gran limitación, es más, a veces apenas tiene resultados por haberse involucrado y dejado dominar por el egoísmo y los placeres personales y terrenales. Esto es así porque las vibraciones de la materia son tan pesadas y lentas que no se puede expresar tal y como es y, por tanto, a la personalidad no le puede llegar tampoco claro el mensaje del Ego. La grandeza y la nobleza del Ego está muy por encima del progreso que pueda hacer una personalidad pero, además, la conciencia del Ego nos habla también como resultado de todo lo positivo asimilado en todos sus renacimientos. Lo mismo que he dicho que el verdadero y eterno Ser es el Espíritu en su propio mundo, también se puede decir respecto al Ego, porque el hombre real no es ninguno de los cuerpos inferiores sino el Yo en los subplanos superiores del Mundo del Pensamiento. Pero el motivo por el que hace descender parte de su conciencia hasta el mundo físico es porque necesita desarrollarse gracias a las respuestas y vibraciones que le llegan. El Ego no es puro y por eso también debe vivir física y espiritualmente todas las experiencias y sensaciones del mundo; es el actor que en cada vida representa un personaje.

            Si bien el Cuerpo Causal del Ego se compone de la materia de los tres submundos superiores del Mundo del Pensamiento, el Ego solo se puede representar situado en la más elevada de las tres por su poquísima actividad sobre la personalidad. Según se van desarrollando los cuerpos inferiores así le van llegando poderosas vibraciones que hacen que la materia causal se mezcle con ellos y les facilite ciertas sensaciones que le servirán como estímulos para hacer trabajos superiores. Por eso, cada personalidad es diferente en sus renacimientos, aun estando siempre el Ego tras de ellas. Según el comportamiento del hombre respecto a sus deseos, sentimientos, emociones y pensamientos, así se moverá por las regiones superiores o inferiores del Mundo Emocional y Mental. Los malvados, lujuriosos, viciosos, etc., se moverán por los subplanos inferiores del Mundo de Deseos, los egoístas crearán pensamientos con la materia de los inferiores del Mundo del Pensamiento; los que son altruistas y fraternales desarrollarán en su cuerpo la materia de los subplanos superiores del Mundo de Deseos y la del primero de los tres que ocupa el Cuerpo Causal en el Mundo del Pensamiento. Hay casos en que la personalidad se ve tan dominada por la materia y el vicio que ésta se puede ver separada del Ego temporalmente (por falta de conexión) pero, aún así, estas personas tienen la oportunidad de redimirse por medio de un arrepentimiento sincero y una ardiente petición de ayuda al Ego. Es posible que en la mayoría de los humanos el 80 % de sus expresiones sean egoístas, pero el resto es suficiente para que extraiga un beneficio de su vida; es más, aunque un 18 % de ese 20 % sean expresiones neutras (ni buenas ni malas) o indiferentes, si el 2 % son buenas expresiones e intenciones, siempre servirá como base para progresar. De hecho no es fácil que una personalidad sea tan negativa como para que el Ego se pierda porque:

1º.- Dios y Sus Jerarquías siempre están impulsando el proceso evolutivo.
2º.- Después de la muerte hay una purificación y un olvido de la vida pasada.    

            Siempre hay una comunicación entre la tríada superior y la inferior o personalidad, ambas en contacto con el Ego. Pero la conexión más cercana a nosotros que debemos romper es el considerado instrumento o hilo que comunica el Ego con la personalidad. Cuando el aspirante espiritual ha trabajado internamente lo suficiente como para que el Ego pueda trabajar directamente con sus cuerpos inferiores como una sola voluntad impuesta sobre la razón y los deseos, entonces, ese hilo, llamado antakarana, se rompe. Recordemos que en la unión de las dos tríadas también hay una especie de comunicación, así, la mente abstracta se refleja sobre la mente concreta, el segundo aspecto o Espíritu de Vida se refleja sobre el cuerpo de deseos, y el primer aspecto o Espíritu Divino se refleja sobre el cuerpo físico. Está claro que el hombre normal apenas tiene relación con el Ego mientras que, a partir del discipulado, sí se experimenta su influencia en la personalidad. Aunque el Ego sea, en cierto modo, parte del Espíritu, actúa de forma independiente sobre la personalidad siempre que pueda. En el común de la humanidad, el Ego tiene una conciencia vaga en su propio plano, sólo cuando la personalidad se esfuerza por el desarrollo espiritual es cuando se percibe su apoyo. Es obvio que la influencia del Ego sea positiva por tres razones:

1ª.- Porque busca su propia evolución.
2ª.- Porque desea sintonizar los cuerpos inferiores con él.
3ª.- Porque él es la base para que el Triple Espíritu se desarrolle.

            El Ego es algo así como un reflejo de las virtudes espirituales, las cuales se van mostrando en el hombre según éste se desarrolla. En el Ego no cabe, por tanto, ni un solo mal pensamiento puesto que lo único que puede desarrollar son virtudes puras que en la personalidad se identifican como amor, fraternidad, altruismo, etc. Por consiguiente, es muy difícil que el Ego se equivoque, sin embargo, el hilo de vida que conecta al Ego con la personalidad se puede involucrar y hacerse tan consciente en la vida física, que actúe de forma independiente haciendo lo que le venga en gana. Al no tener (la mayoría de las personas) una conciencia clara y al no poder ejercer su poder sobre la vida de la personalidad el Ego sufre las consecuencias y el retraso en su desarrollo, puesto que la personalidad se guía por su razonamiento normalmente muy dominado por el cuerpo emocional. El hombre normal se identifica con el vehículo que esté más activo, o sea, más consciente, de aquí que esto sea un peligro para el Ego y por eso mismo las personas que obtenemos estos conocimientos debemos de esforzarnos por desarrollar su conciencia. Del Ego no puede partir nunca ninguna maldad, siempre es la persona dominada por sus deseos, sentimientos y emociones la que se ve incitada a ello. También la falta de desarrollo mental y de discernimiento tiene mucha relación con el mal, pero si de algo hay que “culpar” al Ego es de no estar lo suficientemente desarrollado como para impedirlo, lo que en realidad es como culparnos a nosotros mismos.

            Este es el enfrentamiento o la lucha entre el bien y el mal en nosotros, el Ego desea lo mejor pero casi no tiene control sobre la personalidad. El hombre tiene sus ideas y conceptos propios y aunque el fruto de la experiencia se la pasa al Ego, este recoge muy poco en relación con la vida que tiene el hombre. Es el hombre quien se limita a sí mismo y quien se crea los prejuicios en general, y esto sólo se irá superando según baya esforzándose y sacrificándose para alcanzar la vida superior; la ventaja para el Ego es que él no se verá limitado mientras tanto. La lucha entre el cuerpo de deseos y la mente y la oposición de ambos hacia el Ego es lo que crea retraso y falta de armonía y equilibrio. Por tanto, si queremos hacer de estos dos cuerpos sus verdaderos servidores, debemos purificar todos los cuerpos para que el hilo de comunicación entre el Ego y el hombre se ensanche y se convierta en canal. Mientras el hombre siga siendo o interpretando lo que le rodea desde su egoísta punto de vista, el Ego no podrá ver las cosas claras ni extraer beneficio alguno mientras estamos aquí, solo cuando hemos superado el Purgatorio y estamos en el Cielo es cuando el Ego asimila los resultados de una forma clara. Esto nos sugiere que deberíamos expresar solo aquello que tenga cabida y validez en el Cielo y que deberíamos rechazar todo deseo relacionado con la egoísta y materialista personalidad.

Francisco Nieto

martes, 10 de octubre de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE (parte 2)






Es lógico que más de un lector se pregunte que por qué el Espíritu ha de “descender” o manifestarse en la materia si como tal es sabio y tiene los poderes  latentes de Dios. Eso es así cuando el Espíritu o Mónada es diferenciado por Dios porque aún está en Su Conciencia. Pero una vez se expresa en tres Aspectos Divinos o Poderes en los tres mundos siguientes, pierde esa conciencia del “Todo” haciéndose individuo inconsciente hasta que, tras millones de años de evolución, vuelve a la conciencia del Todo como individuo autoconsciente de que sus poderes (entonces latentes) se han desarrollado gracias a las experiencias en los diferentes mundos. Si este mismo caso se lo aplicamos al Dios creador del sistema solar, sería como si la nebulosa fuera el Espíritu recién diferenciado de su origen, el sistema solar fuera su cuerpo de expresión donde experimenta la vida divina, y la reabsorción o desintegración del sistema solar fuera la aniquilación de la forma o materia para volver como Espíritu al origen o Vida Una pero con la experiencia que hace que se eleve al mismo nivel que su creador. Así el creador de nuestro sistema solar será capaz de crear en un futuro una obra superior y el Espíritu (nosotros) se convertirá en un Dios como Él lo era cuando nos creó. Por esa misma ley de analogía, la vida de una célula, las plantas o los animales llegarán a pasar por un estado de conciencia similar al humano.

            El Espíritu, el verdadero y más elevado Yo, se hace triple (como la luz incolora al pasar a través de la atmósfera) según se envuelve en cada capa de materia de los mundos: Espíritu Divino, Espíritu de Vida y del Pensamiento; pero siempre es Uno en el mundo de los Espíritu Puros o Vírgenes. Y se  dice que deja de ser, temporalmente, Uno para hacerse triple porque se le priva de la conciencia de Dios (omniconsciencia) y se le limita para que se interiorice en las formas de diferentes grados de vibración (cuerpo físico y superiores) para que se auto-observe y comprenda que está separado de los demás y que es un individuo. Cuando este Triple Espíritu se asienta como Espíritu Humano en las regiones superiores del Mundo del Pensamiento, es cuando progresivamente va aprendiendo a formar sus cuerpos para obtener conciencia de esos mundos inferiores donde experimenta como personalidad para, (egoístamente como personalidad) buscar su verdadera conciencia y origen. Es este Espíritu Humano, como Ego individualizado, el que renace en sus diferentes cuerpos para experimentar en el mundo físico, y es así como se obtiene la conciencia de vigilia que nos hace conscientes de lo que somos como personalidad y de lo que experimentamos. Del poder del Espíritu Divino nació el germen de lo que hoy es el cuerpo físico, del cual (de sus experiencias) se está formando el Alma Consciente; del Espíritu de Vida se originó el cuerpo etérico o vital y de éste se está formando el Alma Intelectual; y del Espíritu Humano surgió lo que hoy es el cuerpo de deseos o emocional del cual se extrae la quintaesencia que forma el Alma Emocional. Por consiguiente, es la mente la mediadora entre el Triple Espíritu y el triple cuerpo, y es a partir de la adquisición de la mente (cuando hace millones de años obtuvimos la autoconciencia) cuando comienza el verdadero trabajo evolutivo individual que nos llevará de vuelta a la Casa del Padre. 


ORIGEN Y PRIMEROS TRABAJOS SOBRE LOS ÁTOMOS SIMIENTE

            Las experiencias de la vida necesarias para el desarrollo de la personalidad, para la conexión con el Ego y para la unión con el Espíritu, se perderían si no hubiera algo que las guarde y algún medio para extraer la quintaesencia de ellas. Esto es muy lógico respecto a la personalidad, pero algo parecido ocurre también respecto al Espíritu desde que comienza a reflejarse en los mundos contiguos al suyo propio. Esto significa que el Espíritu (con la ayuda y el trabajo de otros Seres superiores) hace descender un rayo de su vida tomando como cáliz o “vehículo” un átomo de cada uno de los mundos siguientes (del Espíritu Divino, de Vida y del Pensamiento) Cada uno de los tres rayos o poderes del Espíritu pone en vibración la materia que rodea al átomo para así “estar presente” y poder estar en contacto en su momento para observar todo el desarrollo obtenido por el Ego a través de innumerables renacimientos. Estos tres Rayos del Espíritu actúan como tres poderes que deben desarrollarse y hacer que sea posible la formación de los tres cuerpos inferiores. Así es como se desarrollan los poderes del Espíritu latentes y aquí es donde éste recopila todo el fruto de su manifestación como personalidad en los mundos inferiores. Estando como tercer aspecto del Triple Espíritu en las regiones superiores del Mundo del Pensamiento, éste debe esperar hasta que el Cuerpo Causal sirva de vehículo al recién nacido Ego fruto del desarrollo de los cuerpos personales y, principalmente, de la razón primitiva. Recordemos que todo esto es fruto de la apropiación de un átomo por cada rayo de vida del Triple Espíritu y por el trabajo de éste sobre la materia de esos mundos. Para no complicar mucho al lector diré que estos rayos de vida del Espíritu descienden o se reflejan en los mundos inferiores o personales para hacer algo parecido de manera que pueda llegar a él todo el desarrollo personal e individual.

            De acuerdo a lo dicho en el párrafo anterior, antes de que “naciera” el ser humano conscientemente en sus vehículos o cuerpos, éste solo existía como germen de la conciencia humana en los mundos superiores, por tanto, no era capaz de percibir nada del mundo externo. Entre los estímulos de la propia vida de Dios en todos los mundos y el trabajo de sus Jerarquías colaboradoras, el Espíritu Humano se asienta en su Cuerpo Causal y se apropia de un Átomo Simiente de donde dependerá la formación y asimilación futura de todas las experiencias relacionadas con la mente. Gracias al Espíritu de Vida y a la apropiación de dicho átomo se formará la mente y el hombre estará capacitado para responder y razonar según vaya progresando en sus renacimientos. Algo similar ocurre respecto al cuerpo de deseos o emocional, el hilo de vida del átomo simiente mental desciende al Mundo de Deseos y se apropia de otro átomo de primer orden para que sirva de generador de cuerpos emocionales, de receptor del fruto de las experiencias y de medio para que el hombre pueda sentir. Lo mismo ocurre respecto al mundo etérico-físico, de todos los éteres y átomos con los que se forman las formas del mundo físico, el hilo de vida se apropia de otro átomo de la más elevada región. Así, la vida del Triple Espíritu alcanza las formas del mundo físico haciendo que los cuerpos relacionados con esos mundos respondan cada vez más a los impactos externos para así desarrollar la conciencia propia.

            Aunque se suele decir que los Espíritus descienden hacia la materia o mundos inferiores, la verdad es que no es así, sino que irradian un rayo de vida mientras ellos están junto a Dios. Ese rayo de vida manifestado como Triple Espíritu es el que hace la involución hacia la materia y la evolución para volver de nuevo a su hogar pero como un Dios. Lo mismo que hay siete clases o cualidades de materia como resultado de la combinación de los tres principales Poderes Divinos, así también hay siete rayos o poderes (derivados de los tres aspectos del Espíritu) en todos los mundos. A cada mundo pertenece una Jerarquía aunque haya otras colaborando en la Obra de Dios, por eso la oleada de Espíritus a la que pertenecemos descendió por uno de los Rayos pero se relaciona con todos por medio de los Seres que representan a cada uno de los mundos y planetas. Por eso, toda obra de estos Seres en los respectivos mundos y planetas repercute en nosotros, y por eso se dice que somos carne de Su carne. Cada Jerarquía trabaja con la materia de cada mundo para que nosotros podamos hacer uso de ella, o sea, vivir, sentir, pensar y actuar. Cuanto menos evolucionados estamos más trabajo tienen ellos para facilitarnos el progreso que necesitamos, ellos cumplen con todo detalle el Plan de Dios y nos ayudaron a construir los cuerpos que hoy tenemos.

            Ya hemos dicho que la materia de cada mundo es de siete clases diferentes de vibración o sutilidad, de ahí que se elija, generalmente, los Átomos Simiente del mismo tipo de materia o rayo que el propio Espíritu. Cuando el Espíritu decide elegir otro rayo, son elegidos otros Átomos Simiente que serán engarzados en el Rayo de Vida que desciende, llamado sutratma. Una vez que el Espíritu se ha apropiado de los Átomos Simiente reproducen cada uno de ellos su nota-clave o vibración identificativa que servirá para atraer los materiales que formarán parte de sus futuros cuerpos. El Espíritu no tiene acceso directo a los Átomos Simientes hasta que la trinidad superior (el Triple Espíritu) no haya evolucionado lo suficiente, cuando lo haga, entonces sí tendrá acceso al fruto de las experiencias. Recordemos que los impactos que llegan  del exterior al átomo, dejan huella en él por medio de sus vibraciones, y que esto llega al Ego y a la tríada superior por medio de ese Hilo de Vida mencionado.

            Nuestro Espíritu es diferenciado por un Dios Triuno, es decir, un Espíritu con tres Poderes o Aspectos destacables entre un total de siete. Nosotros, como Espíritus somos iguales, y nuestros tres poderes principales son los que se reflejan en los mundos superiores. Sin embargo, también tenemos siete aspectos espirituales relacionados con:

1º.- Los siete rayos o Aspectos de Dios.
2º.- Con los siete mundos del esquema que Dios ha creado para que evolucionen las oleadas de Espíritus y otras Jerarquías.
3º.- Con nuestros siete vehículos (una tríada superior y un cuaternario inferior o personalidad)

Esto es así porque estamos en un universo septenario cuyo origen está fuera de nuestro sistema solar, pero también por eso, quizás, el Espíritu se va reflejando en los mundos y apropiándose de los Átomos Simiente siguiendo siempre esa misma línea de Rayo por la que algún día volverá de nuevo a su seno. Así es que los Átomos Simiente tienen una vibración característica similar de acuerdo a su Rayo y esa característica es la que causa la vibración que atraerá la materia que corresponda para la formación de cada uno de los cuerpos. Así, todos los resultados de las experiencias se almacenan en dichos Átomos Simiente en forma de potencias vibratorias, por eso cada átomo se capacita cada vez más para responder a lo que llega del exterior y para reproducir en sí mismo las vibraciones.

            Así comienza a formarse lo que después es autoconciencia, y así el fruto de las experiencias de los diferentes cuerpos (guardados en el Átomo Simiente correspondiente) se eleva hacia el Ego y hacia el Espíritu mientras cada átomo duerme hasta que, en un próximo renacimiento, despierten a la actividad para facilitar la gestación y la formación de los futuros cuerpos. Según el karma del individuo y según su evolución así será la vibración del Átomo Simiente, y según su vibración será también el material que se utilice para formar dichos cuerpos. El beneficio de los Átomos Simiente en la formación de un cuerpo físico está en que, si el individuo se ha esforzado en alcanzar los más elevados ideales, su vibración permitirá atraer átomos que hayan estado en cuerpos (y mejor si han estado en sistemas nerviosos) de personas muy elevadas espiritualmente hablando, y esto ocurrirá incluso en el transcurso de su vida.

            Cuando el cuerpo físico muere, el Átomo Simiente situado en el corazón pasa la película de la vida al etérico para que la vida reencarnante pueda extraer su quintaesencia en el Purgatorio y en el Cielo. Cuando se ha hecho este trabajo en el Mundo de Deseos, la vida se retira del cuerpo de deseos adormeciendo el Átomo Simiente y dejando el cuerpo para que se desintegre como los otros dos. Y lo mismo ocurre respecto al átomo y al cuerpo mental de tal manera que el Ego pueda extraer el mayor beneficio de todos ellos. Evidentemente, en los primeros tiempos como humanos, no había casi agregaciones ni progreso en los átomos después de cada vida, pues había poca autoconciencia y poco razonamiento todavía. Sin embargo, los aspirantes espirituales de hoy pueden obtener un gran desarrollo espiritual si saben auto-observarse y dirigir sus cuerpos conscientemente. Cuando se han abandonado todos los cuerpos y se han reunido los Átomos Simiente que representan a dichos cuerpos, aparecen como un solo núcleo dentro del Cuerpo Causal del Ego. Al cabo de 1000 años aproximadamente, la vida del Ego estremece al Átomo Simiente mental para que, como se ha dicho ya, de acuerdo a su vibración, atraiga materia del mundo mental para formar su futura mente. Y así ocurre con los futuros cuerpos y átomos.

Francisco Nieto