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jueves, 11 de junio de 2009

LOS CUERPOS DE EXPRESIÓN DEL VERDADERO SER HUMANO


Si preguntásemos a cualquier persona que quien es el Ser humano, nos respondería que es un cuerpo físico que siente y piensa, sin embargo, la verdad es que somos algo más, vamos a verlo a la luz de la filosofía esotérica.
Está demostrado que el cuerpo físico está compuesto de materia física como cualquier otro objeto de los que nos rodean, es decir, de átomos. La diferencia respecto a todas las demás formas físicas es que nuestro cuerpo tiene una vida independiente que, cuando no puede mantener vivo el cuerpo, lo abandona y se produce lo que comúnmente muerte. A la luz de la sabiduría oculta esa vida que anima el cuerpo y que hace que crezca y se desarrolle se llama cuerpo vital o etérico, está compuesto de materia etérica más sutil que los átomos físicos y, si cualquier persona lo pudiera ver, comprobaría que tiene la misma forma e imagen que el cuerpo físico. Este cuerpo es el que algunas personas han visto y le llaman “fantasma”. Uniendo estos dos cuerpos podemos decir que nos parecemos a las plantas en el sentido de que tienen un cuerpo físico vivo, con la diferencia de que nosotros nos podemos mover según sea nuestro deseo y voluntad.
Pero claro, el ser humano no es solamente un cuerpo físico vivo, sino que también tenemos sentimientos, deseos, emociones, etc. Estos aspectos humanos proceden de un tercer cuerpo llamado por la filosofía oculta “cuerpo de deseos” o “astral”. Lo mismo que nuestro cuerpo físico está compuesto de materia física perteneciente al mundo físico, este tercer cuerpo está formado por la materia del “Mundo del Deseo” y es más sutil aún que la del cuerpo vital. El Mundo de Deseos es donde se encuentra lo que la iglesia católica siempre ha llamado Purgatorio, Infierno y Cielo, lo que significa que tiene que haber regiones espiritualmente puras y, por otra parte, regiones donde radican los peores sentimientos y deseos de la humanidad. Por consiguiente, según sea el desarrollo espiritual interno de cada individuo, así llevará consigo materia de las regiones espirituales o pasionales de este mundo; y según sea la materia que llevemos en nuestro cuerpo de deseos, así será la clase de materia que atraigamos hacia nosotros. En el cuerpo vital se crean los hábitos que formamos por medio de la repetición, y en este cuerpo es donde esos hábitos toman el aspecto de positivos o negativos para luego expresarlos en forma de deseos, sentimientos y emociones. Con estos tres cuerpos tenemos una semejanza a los animales en sentido de que ellos también tienen cuerpo físico, vital y deseos, sentimientos y emociones, pero todos sabemos que el hombre es algo más.
Todos sabemos que el ser humano no es solamente un cuerpo vivo que siente y desea, sino que además razona y tiene voluntad. Cuando alguien desea leer un libro donde hay mucha gente, normalmente no puede concentrar la mente, pero si se lo propone al final lo consigue. Si alguien desea quitarse de fumar verá que le cuesta mucho vencer al deseo que procede del cuerpo de deseos, pero si razona con la mente y persiste en el intento, al final vencerá a dicho cuerpo e impondrá la razón y la voluntad y es ahí donde está la diferencia respecto a los reinos inferiores a nosotros.
Cuando hemos conseguido vencer al cuerpo de deseos como en los ejemplos anteriores, estamos demostrando que la mente está por encima de los deseos ya que, si no fuera así, seríamos como los animales. Son muchas las personas que opinan que esos deseos y sentimientos son el ser humano, sin embargo, la filosofía esotérica va más allá. Está claro que si queremos podemos dejar la mente en blanco, si queremos razonamos, o incluso, si queremos, podemos sentarnos a ver la televisión y dejar la mente libre para que ande de un lado para otro. Os habéis preguntado alguna vez ¿Quién o qué es lo que domina la mente y la utiliza para vencer los deseos o cambiar sus sentimientos? Es el Yo Superior, Alma o Ego, ese Ego es el que está evolucionando en el mundo físico por medio de estos cuatro cuerpos y gracias a la Ley de Renacimiento, recibiendo en cada vida el fruto de la anterior.
Estos cuerpos están compenetrados mutuamente, puesto que cada uno de ellos es de materia más sutil que el anterior, es decir, que ocurre lo mismo que en un bloque de hielo donde hay materia sólida, líquida, gaseosa, atómica y de más sutilidad aún. Este Ego está evolucionando por dos principales Leyes, la de Renacimiento y la de Causa y Efecto. Por medio de la primera renacemos para continuar el desarrollo donde lo dejamos en la última vida –lo mismo que los niños en el colegio-, y por medio de la segunda, recibimos en la siguiente vida los efectos de las causas que hemos hecha en ésta. A esto hay que añadir que después de la muerte del cuerpo físico pasamos a un estado purgatorial donde sufrimos el mal que hacemos a los demás para tomar conciencia de ello y no volverlo a hacer más; y a un cielo donde recibimos todos los bienes espirituales como recompensa al bien que hicimos y que nos hicieron en la última vida.
Está escrito que Cristo preguntó ¿Quién dice la gente que soy yo? Y le respondieron “Unos dicen que eres Elías otros que Jeremías”. En este pasaje Cristo no se asombró sino que les volvió a preguntar: ¿Y vosotros quien decís que soy yo? En otro pasaje del nuevo testamento también está escrito que una vez le preguntaron sus discípulos cuando vieron a un ciego ¿Maestro, quién pecó él o su padre? Y Él respondió: Es para que se cumplan las Leyes de Dios”, en estos y en otros pasajes bíblicos hablan del Renacimiento y de la ley de Causa y Efecto
Por lo tanto, el ser humano es un espíritu –tenemos un cuerpo espiritual y otro material- que por medio de dos principales leyes está evolucionando vida tras vida por medio del fruto que saca de las mismas y continuará así hasta llegar a la perfección espiritual, de ahí que dijera Cristo: ¡Las obras que yo hago las haréis y mayores aún!

Francisco Nieto

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