Entradas populares

martes, 2 de junio de 2009

MAESTROS Y MAESTROS




(Artículo de mi buen amigo Salvador Caballero)


Todo buscador de la Sabiduría tiene que recorrer un largo camino antes incluso de otear la puerta del templo, el cual sin duda existe aunque como el Grial, no hay ningún camino en este mundo que a El te lleve. El Grial te llama, la Sabiduría, el Yo Superior te llama y el Cristo Interno acaba más tarde o más temprano resonando en tu interior.
De la manera en que todo este largo proceso se produzca es algo íntimo y personal y cómo uno lo experimenta no lo experimenta otro. Mi camino puede estar salpicado de pétalos de rosas pero el de otra persona puede estar lleno de espinas aunque lo que sí es cierto es que ambos están escondidos para todos los buscadores. No hay camino sin sufrimiento y gozo, ambos van parejos.
Al principio de nuestra andadura espiritual, cuando nuestra alma ha despertado a las realidades espirituales, devoramos libros, fotocopias, conferencias, cintas, charlas, coloquios, y un largo sinfín de etcéteras. En un momento dado nos juntamos con personas que son como nosotros o que creemos que son iguales. Buscamos compañeros del alma, gentes que como nosotros sientan una especie de llamada por lo interno. Gozamos con ellos e intercambiamos infinitos puntos de vista sobre muchos temas de filosofía esotérica. Nos enseñamos los unos a los otros no libres de errores y vamos aprendiendo los unos de los otros. Así, casi sin darnos cuenta, todos somos maestros y discípulos a la vez. La fuerza espiritual en la que nadamos poco a poco va nutriendo nuestra personalidad hasta que un día casi sin saber cómo, tenemos la absoluta dicha de ser tocados por el Eterno que nos habita, por el Ser de Vida y Espíritu que nos utiliza como vehículo de aprendizaje.
Lo que sucede entonces, y ha de sucederle a todos los sinceros buscadores, es que la vida espiritual y la búsqueda que ésta conlleva cambia abruptamente de sentido. Antiguos placeres de coloquios, charlas, discusiones filosóficas, cursos ...... parecen diluirse cuando el Eterno toca con la punta de su mano las sienes de su personalidad y ésta responde cayendo de rodillas al suelo y comprobando lo que de verdad hay en Él, y allí en contraposición con lo que uno es, tiene y ha logrado como mera personalidad o vehículo autónomo e independiente de su verdadero Yo Eterno o divina presencia Yo Soy.
No nos confundamos. En toda búsqueda espiritual individual como la efectuada dentro de los lindes de la Sabiduría Occidental, llega el momento de cambiar de nivel y de pasar por distintas pruebas para saber si somos capaces de ser verdaderamente nosotros mismos casi sin la ayuda de nadie más: grupo, asociación, fraternidad o tertulia esotérica. El aspirante espiritual siempre tendrá mucho más apoyo del que se cree, a veces parecerá que está sólo en el sendero pero no hay mentira mayor. En todo momento somos Él y nunca caminamos en solitario a nivel suprafísico. Los que nos observan, desean con mucha más fuerza que nosotros el que acabemos de meter la cabeza en los planos internos tras “aprobar” las distintas pruebas y exámenes que la vida nos pone; pruebas y exámenes llenos de sabiduría práctica y casi sin preguntas de teoría. Nunca nos dejan en la cuneta si somos buscadores de lo espiritual con sinceridad. ¿No es fácil entender el gran esfuerzo que el Ego o Yo Superior ha realizado con sus pasadas personalidades para tocar el mundo superior?. Una vez que la conexión se ha efectuado, por más pequeña que sea, el proceso de crecimiento empieza y ya no puede detenerse. Primero solos, luego acompañados o en grupo, luego quizá solos de nuevo y quién sabe si en grupo otra vez; el peregrino espiritual camina sin interrupción, con persistencia y fe-sabiduría hasta llegar a la meta.
Este camino se hace a veces consciente y a veces inconsciente de que somos vigilados, cuidados y mimados por fuerzas espirituales. Somos como un tierno brote o retoño de rosal que ha de ser cuidado, regado, abonado y podado por el Maestro jardinero de nuestra vida y sus ayudantes que no son otros que personas, circunstancias, amigos, familiares y en resumen, lecciones que hemos de aprender.
Lo indudable es que en un momento u otro nos hemos convertido en un bello rosal poblado de rosas rojas y blancas. Entonces nuestra planta llama la atención del Maestro jardinero que toma la decisión de ayudar más directamente al desarrollo de tan prometedora y fructífera planta. El rosal, que hasta la fecha había crecido casi sólo, o al menos eso era lo que parecía, va a recibir ahora los consejos del Maestro jardinero.
No hay símbolo más hermoso de la consecución espiritual que la bella y fragante rosa de color rojo y blanco. El fuego creador pasional se transmuta en la luz blanca del logro interno. El aspirante espiritual recorre el tallo de la rosa lleno de espinas siendo su verdadero maestro él mismo como personalidad en vías de espiritualizarse, sus amigos o compañeros, su vivir cotidiano y las lecciones que el mismo ha escogido. A lo largo de la andadura espiritual antes de llegar a la iniciación, todos nos ayudamos los unos a los otros.
Lo que nunca debería suceder es que el intelecto pueda llenarse de conocimiento escrito, leído, tomado, procesado y prestado de libros y que esto nos sirva para convertirnos en maestros con minúscula de otros sin dar lugar a la opción de la duda, comparación, negación, posible equivocación e imprecisión. Lo único que verdaderamente vale de lo escrito es si nos acerca a lo más profundo de nosotros mismos y no a los demás como oyentes hambrientos de conocimientos esotéricos. Lo que digamos debe provocar en los demás un deseo de búsqueda por ellos mismos de las mismas palabras que les hemos dicho. Quiere esto decir que las parcas verdades espirituales que les digamos como humildes enseñanzas han de resonar en su interior para que ellos a su vez se conviertan en sus propios maestros y algún día acaben por convertirse en las rosas antes mencionadas. Nuestros conocimientos al pasar de uno a otro, de interpretación coloreada por la personalidad; dan lugar a múltiples puntos de vista de la misma verdad ya que cada uno la entiende a su manera y le es útil como él o ella lo ha asimilado.
Humildad en el sendero con la seguridad cierta de que no sabemos casi nada y de que en muchas ocasiones lo que mejor sabemos enseñar como párvulos de lo espiritual es nuestro entusiasmo, tesón, devoción y dedicación a un noble ideal espiritual. Valga, pues, el Amor y lo que éste conlleva frente a montones de palabras en muchas ocasiones prestadas o alquiladas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario