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martes, 2 de junio de 2009

MENSAJE PARA EL DESARROLLO INTERNO


El aspirante espiritual es constantemente probado, y nunca sabe dónde, cuándo, o cómo tendrá lugar la siguiente prueba. A menudo ocurre inesperadamente y bajo circunstancias que nunca asociaría normalmente con el asunto entre manos.
La mayoría de las pruebas vienen durante la rutina ordinaria de la vida diaria y se refieren a cosas pequeñas, aparentemente sin importancia. Generalmente hablando, los aspirantes espirituales ya han conquistado las evidentes deficiencias de carácter, a las cuales la mayor parte de la humanidad está o estaba sujeta al mismo tiempo. Faltas más sutiles -a menudo errores de omisión más que de comisión- son ahora sus más grandes defectos. A menudo, también, sus errores probablemente sean de pensamiento más que de obra.
Todos los miembros de la oleada de vida humana son probados antes de proseguir de un “grado” a otro en la escuela de la vida. Al aspirante espiritual se le da más que la parte ordinaria de pruebas por dos razones. Primera: debe probarse a sí mismo que es fiel en cosas pequeñas, antes de que se le pueda confiar el manejo de más grandes responsabilidades en la Obra. Segunda: es probado frecuentemente con el fin de que pueda tener la oportunidad de hacerse más consciente de faltas que necesitan corrección y ponerse en marcha para corregirlas.
La mayoría de los novicios del sendero espiritual pronto comienzan a reconocer las faltas personales que antes no habían conocido. Con el tiempo, si son sinceros en querer corregir estas faltas, también se hacen conscientes de un poder interno que les ayuda a hacerlo así, un poder que se vuelve más fuerte a medida que intensifican sus esfuerzos.
En este respecto, el ejercicio de “retrospección” es particularmente útil. Cuando reconsideramos los acontecimientos del día con calma y racionalmente, podemos ver exactamente cómo fuimos probados, y exactamente como los superamos o fracasamos. Entonces, si tomamos en serio lo que así discernimos, somos capaces de mejorar nuestra conducta general y retener nuestros pensamientos y aspiraciones en un nivel más consistentemente alto. De esta forma, la conducta mejora en consecuencia y dominamos más y más nuestras pruebas. Al final llegamos al nivel de perfección que conduce a la Iniciación, y pasamos otro logro evolucionario.
Nuestras pruebas son, entonces, escalones hacia el progreso, y como tales deben ser bienvenidas, en lugar de ser temidas.

Francisco Nieto

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