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martes, 22 de agosto de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE Parte I







            Puede ser muy interesante para algunos saber cuál es nuestra relación con el universo, y más quizás saber cómo funciona él mismo internamente, pero hay una cosa que el lector debe tener muy claro, y es que, si no cuida y controla sus instrumentos de trabajo de poco le servirá el conocimiento y las intenciones de superación que tenga. Como analizaremos a continuación, el Espíritu, el Ego, y el hombre con la conciencia actual, sólo tienen cuatro cuerpos para poder desarrollarse y para alcanzar el “Reino de los Cielos”, por consiguiente, si no los cuida y los gobierna poco adelanto alcanzará en cada renacimiento. Los vehículos (nuestras herramientas) solo deberían servir para el progreso del Alma, es decir, para trabajar sobre las cosas o hechos de cuyos resultados nos podamos llevar algo después de la muerte, y para conseguir eso debemos cuidar dichos cuerpos. El dinero, la fama, la posición social, etc. no sirven para el progreso espiritual después de la muerte, y solo servirán en vida si se utilizan para servir y ayudar a los demás. El Alma o Ego se manifiesta a través de sus cuerpos para adquirir experiencia y obtener de ella la correspondiente rentabilidad espiritual, pero eso será o no posible dependiendo de lo que haya hecho con sus cuerpos en la vida pasada (según el karma maduro para esta vida) y según sea el grado de conciencia alcanzado respecto a que pueda interesarse seriamente por su desarrollo o no. Por tanto, el primer conocimiento que hay que obtener es saber cuáles son y cómo funcionan nuestros cuerpos, y el segundo, qué podemos hacer para purificarlos y para que sean cada vez más perfectas herramientas. Debemos convertirnos en alquimistas para hacer el trabajo interno que transforme nuestra naturaleza inferior en oro,  (Espíritu) y para ello debemos comenzar por:

1º.- Alimentar y cuidar el cuerpo físico para que los vehículos superiores y el Ego puedan manifestarse a través de él.
2º.- Auto-observarnos para analizar nuestros sentimientos, deseos y pensamientos y así poder purificarlos para que atraigan materia más pura de sus correspondientes mundos.

            Si sabemos cuál es el fin de nuestra existencia y qué medios tenemos para llegar a tal fin, es conveniente que conozcamos mejor esos medios para así poder utilizarlos de la mejor manera posible. En principio analizaremos, en parte, los tres aspectos importantes que conforman al ser humano, esto es, el Espíritu, el Ego y la personalidad, para luego profundizar un poco más en los cuerpos que forman dicha personalidad u hombre.


EL ESPÍRITU

            En ocultismo, comúnmente se llama Espíritu o Triple Espíritu a la Mónada manifestada, es decir, al hecho de que el Espíritu que Dios diferencia “en” y “de Si Mismo” y que tiene latentes los mismos poderes de su creador, se exprese en tres de los mundos superiores y más cercanos al propio mundo de Dios. La naturaleza del Espíritu es de “Deseo de Ser” y es evolutiva, de progreso, espiritual y divina como Su Padre. Su conciencia es de “Unidad” en su origen, y aunque se manifieste y no exista para la percepción humana, algún día la volveremos a recuperar como auto-conciencia. No tiene nada que ver con la personalidad y por eso la personalidad no puede comunicarse directamente con él, el contacto indirecto que podemos tener es lo que nos llegue de la interpretación que hace el Alma o Ego. El nivel más bajo donde se manifiesta es en los subplanos superiores del Mundo del Pensamiento o Cuerpo Mental de Dios manifestado, pero él está por encima de la forma y del pensamiento más perfecto porque, de hecho, es la conciencia de donde proceden nuestras conciencias.

            Es conveniente dejar claro que la vida y la conciencia representan lo mismo porque no hay vida sin conciencia como tampoco conciencia sin vida, sin embargo, como lo que estamos tratando es que la unidad se expresa como personalidad, podemos llamar vida al Espíritu o Mónada y conciencia a la multiplicidad o diversidad de vehículos que utiliza. Por tanto, los vehículos (la materia) son la esencia de la materia donde el Uno se ha manifestado en lo diverso, y cuando digo que la vida o Espíritu es consciente, me estoy refiriendo a que es conocedor de lo que le rodea. Profundizando esto un poco más, podemos decir que la conciencia divide en dos a la unidad y que la conciencia existe cuando hay una limitada existencia, por tanto, la conciencia dejará de existir cuando deje de sentir que se siente limitada. La conciencia está unida a la materia o forma porque ambos representan la doble polaridad manifestada por la Unidad inmanifestada. Esto ocurre respecto a nuestro creador como también respecto a nuestro Espíritu y su expresión en los mundos; ambos son los aspectos inseparables de esa Vida Suprema que, sin ellos, es inmanifestada. La materia es limitación y sin limitación no hay conciencia, nosotros tenemos conciencia de vigilia porque, entre otras cosas, en cada renacimiento nos limitamos en el cuerpo físico. Desde el aspecto interno y personal, la materia es limitación y la conciencia es lo real según el estado actual de cada uno, pero la conciencia es absoluta respecto a que en ella está lo potencialmente latente, eterno, infinito e inmutable. Lo que cada conciencia pueda asimilar del Mundo del Pensamiento (Mente de Dios manifestada) como propio y lo reconozca como parte de sí mismo, será el universo donde se exprese; pero no dejará de ser parte del Pensamiento y de la Conciencia de Dios. Cada Espíritu es, por tanto, una conciencia separada de la Conciencia de Dios por medio de la mente que, a su vez, se encuentra velada por la materia.

            Cada Espíritu ha de pasar de ser un dios estático con sus poderes creadores divinos latentes, a ser un Dios dinámico que haga uso consciente y voluntario de sus poderes desarrollados a lo largo de la evolución. Como Espíritu es omniconsciente pero cuando se sumerge en la materia se hace inconsciente e insenciente, de hecho, el Plan Divino trata de que cada Espíritu descienda hasta el mundo físico para que pueda llegar a ser omnisciente y omnipotente en cualquier mundo donde él sea capaz de responder a las vibraciones del universo. El Espíritu desenvuelve su conciencia en los cinco mundos inferiores al suyo gracias a que se apropia de una parte de “materia” (cuerpos) de cada uno de ellos para así velarse con la misma y poder responder y expresarse en cada mundo. Cuanto más desciende por los mundos hasta el físico más se ve velado por la materia y más difícil le es expresar sus propias vibraciones en dichos mundos. Sin embargo y a pesar de todo ello, nuestro Espíritu está más cerca de nosotros que nuestras propias manos puesto que es nuestro verdadero Yo o Realidad, la Raíz de nuestro Ser que, aun en su limitada conciencia actual en nosotros, sigue siendo parte de Dios. Lo mismo que lo Absoluto e Incognoscible está en parte en el universo manifestado que ha creado, así nuestro invisible Yo Divino se manifiesta en nuestra conciencia como Señor que guía la evolución y como Dios en el universo (cuerpos) que vela Su conciencia. Los tres aspectos o poderes que el Espíritu tiene (como su Padre) son: Voluntad o Divino Poder del Yo; Sabiduría o Amor que representa al Cristo que en nosotros debe nacer; y Actividad o Mente Creadora que colecta el conocimiento. En la mente, estos aspectos representan: Albedrío, discernimiento y conocimiento.

            La verdad es que no se puede decir mucho sobre el Espíritu o Mónada, son pocos los ocultistas desarrollados (clarividentes) o contactados por maestros y Hermanos Mayores que han dejado escritas estas enseñanzas. Las investigaciones propias de algunos iniciados no han pasado más allá de las regiones donde se encuentra el Ego. El resto de la información que se ha alcanzado hasta el propio Mundo del Espíritu ha venido casi siempre de los Hermanos Mayores, quienes incluso la pueden recibir de otros Seres superiores. Estos Hermanos Mayores y Maestros son los que se la han dado a sus elegidos para que fueran publicadas. Los que han recibido la información sobre el Mundo del Espíritu Divino o lo han investigado con sus cuerpos espirituales, nos dicen que el Espíritu comienza a reflejarse o a expresarse como Triple Espíritu en ese mundo. El segundo Aspecto se manifiesta en el Mundo del Espíritu de Vida como Espíritu de Vida; y el tercero lo hace en los subplanos superiores del Mundo del Pensamiento como Espíritu Humano o Ego, que es desde donde descenderá hasta el mundo físico como personalidad. Aquí es donde el Ego crea su propio vehículo llamado Cuerpo Causal, y desde ahí se va apropiando de la materia (que kármicamente le corresponda) de los mundos inferiores para crear los cuerpos que forman la personalidad, éstos son: Cuerpo mental, cuerpo emocional, cuerpo etérico o vital, y cuerpo físico. De aquí que digamos que el Espíritu está velado por la materia pero que, aunque aparentemente separado, sigue siendo parte de Dios. Por consiguiente el Espíritu es el Dios manifestado en nuestros cuerpos, y nuestra conciencia es la expresión limitada del Espíritu.

            Aunque el Espíritu tiene su origen y naturaleza en Dios y es uno con Dios y con el resto de Espíritus de los que forma parte como oleada o Jerarquía, lo cierto es que a partir de su diferenciación en Dios y del comienzo de su descenso, cada Espíritu adquiere una naturaleza individual que, según desciende por los mundos para adquirir sus cuerpos y para adquirir experiencia, se va haciendo más independiente. Y esto es así con el fin de que cada aspecto del Triple Espíritu forme su Alma como resultado de sus experiencias. Aunque la conciencia del Espíritu en su propio mundo comparte el conocimiento divino, no ocurre lo mismo desde que comienza su descenso hacia la materia puesto que se vuelve inconsciente de esas gradaciones y vibraciones que no están aún bajo su control. De hecho, si en vez de manifestarse en lo mundos inferiores se hiciera descender el Espíritu Uno, se encontraría encerrado en la forma completamente inconsciente del exterior y de los impactos como si estuviera en un vacío o en lo inmanifestado. El Espíritu es el impulsor (como Dios que es su origen y le impulsa a él) o fuerza raíz de todas las formas, es la creadora de toda la variedad que para su desarrollo necesita. Sin embargo, una vez en los mundos inferiores, pierde el contacto de su vida personal y no la vuelve a percibir en algún grado hasta que el Ego, (que es el resultado del trabajo en estos mundos) conecta con él por medio del desarrollo espiritual.

Francisco Nieto

sábado, 22 de julio de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE COMO PERSONALIDAD IV







Lo mismo que heredamos ciertos aspectos del cuerpo de nuestros padres, igualmente ocurre con la sangre y con el ADN, y es precisamente en la herencia de la sangre donde encontramos explicación al pasaje bíblico donde se dice que Matusalén vivió tantísimos años. No siempre hemos tenido la conciencia actual de vigilia en la que somos conscientes de los hechos y circunstancias que nos rodean externamente. En los primeros tiempos como humanos teníamos consciencia interna (lo contrario que ahora) y veíamos lo que nos llegaba del exterior, o sea, las imágenes por medio de la sangre y del aire. Pero, como he dicho, como las experiencias y los Egos llegan y trabajan en la sangre respectivamente, cuando nacíamos como humanos con conciencia interna, veíamos en nuestro interior información y pasajes de vidas de nuestros antepasados. Actualmente seguimos grabando, en cierto modo, la experiencia sensorial personal pero al tener conciencia de vigilia no podemos ver internamente esas imágenes ni la de nuestros antepasados. Tengo que aclarar que hoy el ser humano solo puede recordar algunos hechos o aspectos de su vida, sin embargo, el hombre prehistórico sentía todo lo que estaba dentro y conocía su aspecto interno porque él “vivía” las experiencias de sus ancestros. Así, cuando decían “me ha pasado esto”, es muy posible que se refirieran a sus antepasados o bien, en vez de decir “yo soy” decían soy hijo de…. porque no se identificaban como un yo independiente.

Bajo la guía de las jerarquías que cuidaban de la humanidad era primordial que la familia se conservase intacta, y era así hasta tal punto que si un hombre moría sin dejar descendencia, su hermano debía dejar su semilla en la viuda (Deuteronomio XXV: 5 - 10) Cuanto más endogamia más poder tenía el Espíritu de Raza y más atado estaba cada individuo a la tribu o a la familia. De ahí que en ocultismo se afirme que la memoria está íntimamente relacionada con la sangre, que es la expresión más elevada del cuerpo etérico. Es la sangre la que facilita el material necesario para que la imaginación actúe basándose en las imágenes que percibimos gracias al cerebro y al sistema nervioso. Decir que el pensamiento activo hace que la sangre fluya más hacia la cabeza, es como decir que, en aquella época, el espíritu familiar que vivía en la hemoglobina de la sangre, hacía su aparición ante la visión interna de aquellos seres. Por eso en la Biblia vemos tantos pasajes llamados “hijos de” David, hijos de Abraham, etc. Esta visión interna o de los mundos internos, se fue perdiendo según se iba obteniendo el ser humano la conciencia externa o de vigilia, pero hay que decir que, aunque era una visión confusa o vaga, les permitía acceder a los registros familiares pasados en la memoria de la naturaleza.

Como en el Plan de Dios está previsto que seamos individuos con voluntad y libre albedrío propio para que busquemos y sigamos al dios interno y no a lo externo, llegó un momento en que la propia humanidad prohibió la endogamia. Esto impuso y sigue imponiendo el altruismo sobre el egoísmo y la fraternidad sobre el patriotismo. Pero, como el Ego sigue evolucionando, la sangre cada vez se hace más especial y particular, y por eso se sabe que la transfusión de sangre de un individuo sobre otro de diferente especie podría matarle, y lo mismo ocurre respecto a los animales. Es decir, cuando se introduce sangre de un animal sobre otro de una especie inferior, el superior trata de hacerse dueño de la forma y termina matándola para liberarse de ella. En el caso de la mezcla de sangre animal por medio del sexo, como en el caso de los híbridos (por ejemplo: burro con yegua) éstos nacen sin medios para la propagación de las especies.

            Cuando en el pasado alcanzamos la autoconciencia y la conciencia de vigilia, fuimos perdiendo la  conciencia interna y, como consecuencia, nos identificamos o creamos el yo personal a la vez que perdíamos las visiones de los antepasados. Pero, actualmente, todavía no nos hemos emancipado de las jerarquías que nos han estado influyendo directamente como raza, tribu, familia, etc., es decir, los Ángeles y los Arcángeles entre otros. Si bien el Ego actúa por medio de la sangre, estos espíritus lo hacen por medio del aire que entra en los pulmones y que se mezcla con la sangre, por eso dice la Biblia que Jehová y sus Ángeles exhalaban en las narices de los hombres. Esta es la forma en que estos Espíritus de Raza forman las razas, las comunidades, las familias o los espíritus patrióticos; y por eso, el que está muy dominado por el espíritu de familia sufre cuando está lejos de ella y lo mismo ocurre con los que viven en otro país respecto al espíritu de la patria. Sin embargo, cuando un ser elevado se libera de la influencia de estos espíritus, es cuando siente y expresa el significado de la famosa frase “mi patria es el mundo” a la vez que mira a todos los seres como hermanos.

            Los Espíritus de Raza “entraron” en los cuerpos del hombre un poco antes de su individualización, y fue a partir de ahí que el hombre comenzó a sentirse un “yo” y no “parte de”. La humanidad entera llegó a ser controlada como un solo grupo (como ocurre hoy respecto a toda una especie de animales) cuando teníamos conciencia interna, pero como las jerarquías creadoras sabían que cada cuerpo debía convertirse en el Templo de un Espíritu individual, no tardaron en comenzar a dividirlos en razas, subrazas, castas, tribus, familias, etc. Esto se hizo gracias a los Arcángeles que guiaban y guían las razas, y a los Ángeles como Espíritus guardianes nuestros que son, hasta que estemos lo suficientemente preparados como para continuar nuestro desarrollo de forma independiente. En los tiempos primitivos, cuando vivíamos en tribus separados unos de otros, sus componentes se casaban entre sí protegiendo esta endogamia la sangre de esa generación, pero cuando se comenzó a practicar la exogamia, casándose entre tribus diferentes, se dio un gran paso hacia el desarrollo del intelecto. En esa época, como hemos dicho, el hombre era clarividente precisamente por la endogamia, pero a partir del desarrollo de la mente y de la autoconciencia de sí mismo, esa clarividencia se perdió. Y lo mismo que nuestra conciencia actual de vigilia nació de aquella vaga conciencia con su grado de clarividencia, en un futuro, el desarrollo espiritual nos facilitará la conciencia de los mundos superiores de nuevo y seremos clarividentes voluntarios y autoconscientes. En aquellos tiempos de la endogamia el hombre se expresaba plenamente en la sangre donde tenía el recuerdo de las experiencias ancestrales con sus correspondientes tendencias, hábitos, etc. En el hombre moderno de hoy también se imprime en la sangre todo cuanto le rodea, así el hombre interno se modela de acuerdo a lo que vive y a cómo vive externamente, con la diferencia de que la exogamia nos facilita el hecho de poder vivir la vida de forma personal y libre.

            El motivo principal de la obra de Cristo fue acabar con el dominio de los espíritus separatistas de raza, tribu, familia, etc. para que toda la humanidad pueda actuar como una sola fraternidad universal y libre. En la época atlante, principalmente, el Ego ya existía  y, aún después de la época actual existirá porque es el dios interno al que la personalidad debe seguir. Es la personalidad la que debe trabajar para la emancipación del Ego “separándose” de la familia, del patriotismo y de todo lo material que le domine y le ate a la rueda de renacimientos. Esto no significa que deba desatender a la familia o que no deba cumplir con sus deberes y responsabilidades, significa que si a algo se tiene que sentir atado debe ser al prójimo como una fraternidad en general. Según la humanidad iba perdiendo su visión interna en aquella época lejana más se lamentaba, pero pronto la olvidó para centrar su atención en el mundo externo que para ella era la “realidad”. El hombre ha llegado a olvidar tanto aquella etapa que ahora dice que son supersticiones o cuentos nada creíbles, sin embargo, la autoconciencia y la conciencia de vigilia se obtuvo:

1º.-  Gracias a que el cuerpo etérico terminó de centrarse en el cuerpo físico  una vez que la atmósfera de la Atlántida se aclaró (sobre todo lo que algunos llaman el tercer ojo).
2º.- Gracias a que el hombre acabó con la endogamia.
3º.- Y, quizás más aún, por la cantidad de productos tóxicos que tomaba y que aún toma (alcohol, tabaco, drogas, etc.)


EL BAZO

            El bazo produce los glóbulos blancos de la sangre, influye notablemente en el sistema nervioso, abastece de hierro a la sangre, controla la energía vital que pasa por los nervios y que procede del Sol, y ayuda en el proceso de la digestión gracias a esa misma energía. Cuando se está enfermo, el cuerpo etérico contiene poca energía vital porque el bazo etérico no le surte lo suficiente, entonces el cuerpo físico se nutre del etérico, terminando este ciclo en que el cuerpo físico muestra más los síntomas de la enfermedad. Sabemos que es el bazo etérico el encargado de distribuir la energía vital que penetra por él procedente del Sol, y quizás por eso alguien se pregunte que qué ocurre cuando a alguien le quitan el bazo. En realidad no pasa nada grave porque el bazo etérico sigue haciendo esas funciones. La energía del Sol es la que mantiene el organismo vivo con sus funciones vitales activas. Esta energía va desde el bazo al plexo solar donde está el Átomo Simiente del cuerpo etérico y donde se mezcla con un éter extraído de la sangre, teniendo como resultado de esta combinación los tres colores básicos que en ocultismo representan los aspectos espirituales: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cuando el color básico rojo se mezcla con la energía solar surge el color rosa en la vitalidad que se muestra en todo el cuerpo etérico gracias a que esta energía fluye por todo el sistema nervioso vitalizando todas las células del cuerpo. Como ya he dicho, cuando se tiene buena salud, la energía sobrante tiene dos funciones importantes que hacer: Estas son, la expulsión de microbios, bacterias y otras materias inservibles, y la prevención de enfermedades gracias a que evita que entren gérmenes en el cuerpo físico. Recordemos que son los dos éteres inferiores del cuerpo etérico los encargados más concretamente de la vida y de la salud del cuerpo por eso, en el proceso de la digestión, cuando se necesita tanta energía solar en el plexo solar, son estos éteres químico y de Vida los que contienen la materia que utilizarán las diferentes fuerzas y seres que trabajan en la alimentación del cuerpo físico.

            Cuando se extirpa alguna parte del cuerpo físico cuya función no es vital o su contraparte etérica no necesita hacer nada para el mantenimiento del cuerpo, esa contraparte etérica se desintegra. Pero esto no ocurre en el caso del bazo etérico por las dos siguiente razones: Primera, porque es el encargado de atraer la energía solar para el buen funcionamiento de los cuerpos etérico y físico; y Segunda, porque el cuerpo de deseos está relacionado con el bazo para la producción de glóbulos blancos y para llevarlos por todo el cuerpo físico por medio de la sangre. Por lo dicho hasta ahora sobre el bazo podemos llegar a la conclusión de que hay una lucha o guerra entre el cuerpo de deseos (con sus glóbulos blancos destructores) y el cuerpo vital que tiene que mantener vivo el cuerpo físico. La actividad, los deseos, los pensamientos y las emociones negativas como la ira o la pasión, entre otras, destruyen el cuerpo físico por la acción del cuerpo de deseos o emocional. Esto es así con tal de que se produzcan glóbulos blancos en el bazo por medio de la intervención de cierto tipo de elementales que los utilizan como vehículo. Es, por tanto, el elemental el que forma el núcleo para que se una a la partícula que crea el cuerpo de deseos y así formar el glóbulo blanco que utilizará como cuerpo para unirse a otros productos inservibles y así debilitar o enfermar el cuerpo físico. Debe quedar claro que esos elementales son producidos mayormente por el hombre cuando crea malos pensamientos que se combinan con emociones negativas, así es que, cada glóbulo blanco es un soldado más que luchará en la guerra contra el cuerpo vital, y es también una fuerza perdida para el Ego respeto al control sobre el cuerpo físico.

Francisco Nieto

viernes, 23 de junio de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE COMO PERSONALIDAD (III)






LA SANGRE, UN FLUIDO MUY ESPECIAL

            Sabemos perfectamente que: Primero, el mundo no es sólo lo que vemos puesto que hay leyes de la naturaleza y fuerzas que le transforman, y Segundo, al tratar a las personas no nos fijamos o nos quedamos solamente con la imagen que captan nuestros sentidos, sino que percibimos algo más que nos dice cómo sienten o piensan sobre determinados aspectos de la vida. Tanto en un caso como en otro, estos hechos representan algo más profundo, algo superior, mientras que lo que se percibe en los sentidos y lo que estudia la mente es lo inferior, que no es otra cosa que la expresión de lo superior. Por tanto, lo mismo que el mundo que vemos es la expresión o manifestación de las fuerzas que operan en los mundos espirituales, también nuestro cuerpo (y más aún el rostro) es la expresión de lo que ocurre en los vehículos superiores y del trabajo del Ego. El planeta muestra lo que las Jerarquías espirituales hacen en los mundos superiores, y nuestro cuerpo muestra lo que pasa internamente y la influencia y dirección del Ego pero, tanto en un caso como en otro, está basado en los arquetipos espirituales que progresivamente nos llevarán a ser a imagen de Dios. Hemos dicho que el Ego necesita de sus vehículos para expresarse así como experimentar para poder desarrollar los poderes del Espíritu, pero aunque todos los cuerpos sean importantes, el físico lo es más en la etapa actual, como veremos en los siguientes párrafos.

            Como algunos ocultistas afirman y como dice Mefistófeles a Fausto en la obra de Goethe,  “La sangre es un fluido especial”. La sangre es un fluido vital para el hombre porque es su sustento continuo y donde descarga lo que no le sirve. La sangre necesita hacer un proceso de combustión para purificarse de los venenos por medio de la oxigenación y de los alimentos puros. Así es que el ser interno se pone en contacto con el mundo externo gracias al aire que oxigena y renueva la sangre y gracias a las imágenes que le llegan por ese mismo medio para quedarse en el Átomo Simiente en el corazón, que es de donde se extraerá la película de la vida una vez que muera el cuerpo físico. El ser interno se expresa con sus vehículos superiores e invisibles en el cuerpo físico, pero de una forma u otra la sangre tiene una relación con ese proceso. El cuerpo etérico es el que anima al cuerpo o provoca la vida en la materia inorgánica facilitando, a la vez, que el Ego pueda controlar el cuerpo físico por medio de la sangre. Respecto a los otros dos cuerpos invisibles, (el emocional y el mental) para no extendernos ahora mucho, sólo diré que tanto los pensamientos como las emociones tienen su efecto sobre el cuerpo físico; por ejemplo: El hecho de pensar en algo que cause mucho miedo puede ponernos los pelos de punta o la piel de gallina. El cuerpo emocional o cuerpo de deseos eleva la substancia vital al mundo de las sensaciones, es decir, hace que el hombre sienta atracción o repulsión, placer o dolor, etc. El hombre tiene sensaciones gracias a las imágenes  que se forman en su interior como reflejo de lo que produce la sensación. Y el hombre puede razonar y responder a esas sensaciones desde lo interno (como un yo) gracias al cuerpo mental que, como todo y como ya veremos, está relacionado con los sistemas nerviosos y con el cerebro vitalizados y alimentados por la substancia vital y por la sangre.

            En la etapa que actualmente nos encontramos, evolutivamente hablando, lo que normalmente llamamos el “Ser”, se encuentra por encima de esos cuerpos y éste no es otro que el Yo. A cualquier cosa se le puede poner nombre excepto a este Yo porque solo el Espíritu mismo puede autoproclamarse Yo. La personalidad es la expresión del Ego y a través de ambos puede manifestarse el Espíritu, de aquí que no pueda ser penetrado por los sentidos y que deba surgir de lo más íntimo del Ser. Para manifestarse el Ego sobre esos cuerpos, el cuerpo etérico tiene que transmutar las substancias inorgánicas en vitalidad mientras que el cuerpo emocional transmuta las substancias vitales en sensaciones. Pero claro, un ser humano así sólo se sentiría a sí mismo y a su propio proceso vital, estaría como estaba hace millones de años y en el mismo estado de conciencia que se encuentran los animales. Es el sistema nervioso llamado simpático el que diferenció al hombre del animal cuando éste fue creado en el pasado, sin embargo, la conciencia del hombre era interna como es la del animal de hoy.

            Esa misma conciencia interna nos permitió ser “clarividentes” en las primeras razas, más que nada porque el sistema nervioso reflejaba el mundo externo creando, sin embargo, un mundo interno más amplio que el externo. Para que el yo interno tuviera relación con el mundo externo fue necesario añadir la médula espinal al sistema simpático y así, mediante el sistema cerebro-espinal y su relación con el simpático, nace el hombre actual de conciencia de vigilia. Por tanto, el yo interno siente lo que pasa fuera de su cuerpo gracias al sistema simpático; percibe lo que ocurre dentro gracias al sistema cerebro-espinal; y crea imágenes del mundo externo por medio de la materia del cuerpo emocional. El yo ha pasado por los estados de conciencia siguientes:

1º.- Conciencia profunda e interna y apenas comprensible para él.
2º.- Conciencia de vigilia o externa, unida a la razón.
3º.- Interna de nuevo, pero como Yo o auto-conciencia desde donde se puede auto-observar.

            El cuerpo etérico desarrolló al cuerpo emocional, y el sistema simpático se añadió al cerebro-espinal y, de esta forma (en aquella época lejana) lo que era un fluido en la forma o cuerpo, se fue convirtiendo en sangre. Así, la sangre es la expresión del cuerpo etérico y el sistema cerebro-espinal es la expresión del cuerpo de deseos o emocional también individualizado, por tanto, se dice en ocultismo que estos hechos fueron los que facilitaron el nacimiento del hombre y el poder de expresarse el Ego a través suyo. Junto a este nacimiento del yo en nosotros comenzó a desarrollarse la auto-conciencia y la razón. Hemos visto cómo el cuerpo etérico vitaliza la substancia externa que entra en el cuerpo físico, y cómo el cuerpo emocional trabaja las imágenes que llegan del exterior, lo que, a su vez, produce experiencias internas que se reflejan y que expresamos “en” o “a través” del cuerpo. La sangre mantiene al cuerpo físico vivo gracias a la labor del yo que se expresa en ella y que mantiene su temperatura, pero con esto solo no sería posible a no ser por el trabajo que hacen y la relación que hay entre los sistemas nerviosos y los cuerpos etérico y emocional.

            La sangre recibe las imágenes del mundo externo por medio del oxígeno pero también las que se producen en el cerebro llegan al Ego, y son estas imágenes las que, como fuerzas vivientes o constructoras, sustentan el funcionamiento del ser humano. En realidad, la sangre, en forma de oxígeno y nutrientes, es la que construye el cuerpo desde el punto de vista biológico, pero fue también la sangre la que permitió al Ego penetrar y expresarse desde dentro. Y es así como, desde entonces, el Ego ha desarrollado la voluntad que hace al hombre creador. Para que este Ego pueda auto-identificarse y expresarse, ha tenido que ocurrir todo lo explicado en estos párrafos, porque el yo solo puede expresarse desde dentro cuando es capaz de crear en sí mismo imágenes que le han llegado del exterior. Podríamos decir que la naturaleza del Ego está centrada en lo interno, mientras que su voluntad se dirige hacia el mundo externo en busca de experiencias para su evolución. La sangre hace de intermediaria porque, por un lado va hacia adentro para formar e informar al hombre interno, y por otro, vuelve a por oxígeno hacia el exterior, estando así entre el mundo interno de imágenes y el externo de seres vivientes.

            Desde que un niño nace y hasta que cumple aproximadamente 14 años, la médula ósea no está lo suficientemente desarrollada como para crear todos los corpúsculos sanguíneos necesarios. Esa necesidad está cubierta por la glándula timo que contiene cierta cantidad de dichos corpúsculos heredados de los padres; lo que hace que (al no poder estar el yo del niño aún en la sangre) el niño no sienta y, por tanto, no exprese el sentimiento de “yo soy”. Solo cuando el tercer éter del cuerpo etérico (el éter de luz) ha madurado entre los  14 y los 21 años es cuando la temperatura del cuerpo es normal, puesto que antes hay períodos de elevada temperatura y otros de lo contrario. Aun así, el Ego se puede ver expulsado del cuerpo físico por alguno de los siguientes motivos: Por mucho calor en la sangre, (por ejemplo, por pasión o excitación) por ira o emociones similares donde no se ha razonado, por locura, por obsesión y por frío. El grado idóneo que debe tener la sangre para que el Ego pueda estar dentro y hacer su función es de 37 grados y esto ocurre verdaderamente a la edad aproximada de 21 años, cuando ha madurado el cuarto éter del cuerpo etérico y cuando nace la mente que se ha estado desarrollando principalmente desde los 14 años. Ejemplos que demuestran que el Ego está en la sangre son:

1º.- El Ego centra su actividad sobre la sangre siempre que piensa, medita, calcula, etc., sin embargo, si quiere hacer eso después de una comilona no podrá hacerlo correctamente porque estará soñoliento a causa de que está centrado en la digestión.
2º.- Cuando una persona siente vergüenza o envía más sangre de lo normal a la cabeza, entonces se eleva la temperatura del cerebro y apenas se puede pensar.
3º.- Cuando se tiene fiebre el Ego se ve en gran parte fuera del cuerpo y eso hace que tenga delirios por la mezcla de imágenes internas y externas no razonadas.
4º.- El miedo “enfría” la sangre de las venas y se puede llegar  a tiritar o a castañetear los dientes y todo porque, como efecto, el Ego dirige la sangre hacia el centro del cuerpo palideciendo y perdiendo el calor periférico.

En Levítico, capítulo 17, versículo 14 se prohíbe a los judíos comer carne porque “el alma de toda carne está en la sangre”; en ese mismo capítulo versículo 11 dice: “Como el alma de la carne está en la sangre… la sangre misma es la mediadora para el alma.” Esto también viene a confirmar lo que estamos diciendo de que el Ego trabaja o se expresa por medio de la sangre, o mejor dicho, por el calor de la sangre. Los cuerpos se alimentan, en todos los sentidos, por medio de la sangre (física, moral y espiritualmente) ya que en ella van también imágenes del exterior, bien sean de hechos, de personas o de otros espíritus que ayudan a la humanidad. Por eso algunos ocultistas afirman que en la sangre está almacenada toda la información de sus antepasados,  todas las imágenes de los Espíritus que guían a la humanidad más de cerca, más, en parte, lo que se está preparando para el futuro. De aquí que cuando a una persona le hipnotizan o esté en estado de sonambulismo, su conciencia es tan profunda que no sea consciente como en la conciencia de vigilia pero sí de las imágenes que ha formado en lo interno por medio de la sangre. Así es que, el hombre interno se ha formado también en gran parte por lo que le ha llegado de los Ángeles, de los Arcángeles y de sus antepasados por medio de la herencia sanguínea. 

Francisco Nieto

jueves, 25 de mayo de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE COMO PERSONALIDAD II






A lo largo de su evolución, el ser humano ha pasado por unas fases similares de conciencia a la de los reinos actuales mientras descendíamos por los mundos para adquirir los gérmenes de los que hoy ya consideramos cuerpos del Espíritu. Por consiguiente, hubo un tiempo en que no éramos conscientes del mundo externo y nuestra conciencia tuvo que ser despertada progresivamente por medio de los impactos externos y del trabajo que otros seres superiores hicieron sobre nosotros. Para comprender un poco mejor esto tenemos el ejemplo de la formación de un nuevo ser en el vientre de la madre, el cuerpo se forma en el vientre pero es gracias a  la vida del Espíritu y al trabajo que también otros seres hacen y al nuestro mismo más tarde.

            La vida procede de los mundos superiores y se encierra, como conciencia, en el vientre de su futura madre primero, y en su propio cuerpo después para estar formándolos inconscientemente de sí mismo e igualmente respecto al mundo externo durante nueve meses. Aun después de nacer como individuo, tarda un tiempo en hacerse consciente del mundo donde se encuentra y de sí mismo. Pues bien, eso es lo que le ocurre al Espíritu, o sea, desciende hacia la materia, atrae los materiales que le harán falta para formar sus futuros cuerpos, aprende a formarlos y a utilizarlos siendo aún inconsciente del mundo externo, (como ocurre con los animales actuales) al cabo de un tiempo adquiere la autoconciencia y así  se reconoce como un individuo separado de los demás. Por último, comienza a razonar y a evolucionar como tal gracias a las dos principales leyes de Renacimiento y Consecuencia. Gracias a los diferentes cuerpos obtenidos actualmente somos: Un cuerpo físico que vive gracias al cuerpo vital, que tiene deseos y emociones gracias al cuerpo de deseos, y que piensa gracias a la mente.

            Cada uno de esos cuerpos está evolucionando en cada vida y, aunque solo tengamos la conciencia de vigilia gracias a la conciencia interna y al trabajo interno que hicimos en el pasado, en un futuro la tendremos también en los mundos superiores utilizando el cuerpo que corresponda al plano donde nos encontremos. El cuerpo físico está compuesto de tres clases de materia; el cuerpo etérico está compuesto de cuatro éteres más sutiles aún que el estado gaseoso; el cuerpo de deseos está compuesto de siete grados de materia que van de la más grosera a la más espiritual en sentido de sentimientos, emociones y deseos;  la mente con la que razonamos está compuesta con cuatro grados de materia del Mundo del Pensamiento, quedando tres para el desarrollo futuro de la mente del propio Espíritu o mente abstracta. Todos estos cuerpos están evolucionando y se están perfeccionando para formar las tres Almas que se unirán al cosechador o Ego, después y en su momento se reabsorberá todo en el Espíritu individual y así seremos a imagen y semejanza de Dios gracias a que los poderes latentes en nosotros se habrán convertido en dinámicos.


            EL CUERPO FÍSICO

            El cuerpo físico es el cuerpo de materia más densa de los vehículos del Ego y es el más antiguo y más desarrollado de todos como resultado de la involución del Espíritu en la materia. Sin este cuerpo, los demás no podrían expresarse ni tampoco se habrían desarrollado puesto que este cuerpo es la base de los sentidos, del sistema nervioso y del cerebro. Por tanto, además de obtener unos resultados en cada vida gracias a este cuerpo, los otros también se desarrollan a través de él. Lo que decimos que es el ser humano es gracias a que los otros cuerpos superiores de materia más sutil le compenetran y se expresan como vitalidad, como deseos o emociones, y como mente. En el corazón se encuentra el Átomo Simiente, también llamado en la filosofía rosacruz el “Libro de Dios” porque es en ese átomo especial donde quedan grabadas las “películas” de todas nuestras vidas para que, después de la muerte, pueda extraerse el fruto de las mismas para unirlo a las anteriores en el Ego que también representa la conciencia. Este Átomo Simiente es el que emite la vibración correspondiente, según el desarrollo alcanzado por el hombre, para atraer y mantener unidos los átomos físicos que conforman el cuerpo.

            A su vez, la vida y forma del cuerpo físico dependen de un arquetipo creado en la región concreta del Mundo del Pensamiento, que es donde se crean todas las formas del mundo físico. Al igual que un inventor crea un arquetipo o modelo en su mente antes de construirlo físicamente, también el cuerpo físico del hombre está relacionado con dicho arquetipo de material mental hasta que llegue el momento de dejar el mundo físico. El arquetipo tiene una determinada vida y vibración que será en la que se basen lo Ángeles para crear el destino que nos corresponde y para dar forma al cuerpo físico, pero dejando siempre un libre albedrío para cambiar ciertos hechos. El momento de la muerte llega cuando ese arquetipo deja de vibrar porque se ha agotado su vitalidad y el hilo de vida se recoge hacia el Ego pasando por el Purgatorio y el Cielo. Del Átomo Simiente en el corazón sale un cordón etérico de color plata brillante compuesto de “éter reflector” que en el momento de la muerte se separa para que dé comienzo la grabación de la vida en el átomo simiente del cuerpo vital. El cordón plateado tiene tres trozos cada uno de ellos de materia de la que está compuesto el cuerpo al que están unidos. Así es que, el primer cordón va desde el corazón hasta el plexo solar donde está el átomo simiente del cuerpo etérico y es de materia etérica; el segundo va desde el plexo solar hasta la altura del hígado del cuerpo físico y es de materia de deseo; y el tercero va desde este último lugar hasta la cabeza y es de materia del Mundo del Pensamiento o mental. La ruptura del cordón en el corazón causa la muerte física pero siempre de acuerdo al arquetipo mencionado, en ese momento es cuando el cuarto éter del cuerpo vital llamado reflector hace de vía para llevarse la película que en el mundo de Deseos se revive de una forma más real, completa y consciente.

            Dice un axioma hermético que “Como es arriba es abajo”, o sea, como es y ocurre en el universo ocurre en el hombre. Ya hemos visto cómo el cuerpo físico está compenetrado por diferentes clases y grados de sutilidad de materia, vibración y conciencia, y que todos ocupan un mismo espacio. Puesto que la materia de cada uno de esos cuerpos está relacionada y pertenece a un mundo o región, quiere decir que los mundos también están compenetrados y que nosotros vivimos y evolucionamos en ellos por eso, desde el plano donde se sitúa el Ego, se producen los siguientes hechos para que podamos tener un cuerpo físico:

1º.- El Ego siente la necesidad de adquirir más y nuevas experiencias y prepara un nuevo renacimiento.
2º.- Con la ayuda de otros seres que evolucionan en el Mundo del Pensamiento, entre otros, se crea el arquetipo de vida que dará origen a los futuros cuerpos inferiores.
3º.- Se eligen las líneas generales o circunstancias especiales y necesarias que, como deudas y posibilidades, tendrá la vida futura. Hay que decir que estas líneas generales están basadas en el karma del individuo y que éste las elige con la conciencia que en ese momento y lugar tiene.
4º.- La vida del arquetipo se refleja en el Mundo del Pensamiento y de Deseos para despertar los átomos Simiente que atraerán la materia de las regiones que, de acuerdo a su evolución y a su futura vida, les corresponda para formar el cuerpo mental y de deseos.
5º.- Cuando se llega a la región etérica del mundo físico y con la ayuda de otros seres también se crea el molde etérico del cuerpo físico, lo depositan en el vientre de la madre a la vez que el Átomo simiente del cuerpo físico lo ponen los Ángeles en el espermatozoide que fecundará el óvulo de la madre.

Así se forma el cuerpo físico para nacer a los nueve meses a la vez que los otros cuerpos se van formando para nacer:
a) El cuerpo vital a los siete años.
b) El cuerpo de deseos a los catorce.
c) el cuerpo mental a los veintiuno.

Lo que expresamos en el cuerpo físico es el resultado de un trabajo interno, esto es, lo que captan los sentidos y el sistema nervioso pasa al cerebro y eso mismo lo recibe el cuerpo de deseos o emocional en forma de sensaciones e impactos que, a su vez, se comunican con la mente. Si no somos conscientes de ello es posible que reaccionemos instintiva o automáticamente sin razonar, pero si lo somos, lo más normal es que respondamos con un pensamiento que estimulará un deseo o emoción que, para terminar, se resumirá en unas palabras o en una acción. También puede ocurrir que lo que llegue del exterior estimule un deseo o sentimiento y pasemos a la acción directamente, o incluso que todo nos sea indiferente. Pero lo importante es saber que cuando se crea un hábito de comportamiento interno, por ejemplo estar casi siempre de mal humor, éste termina manifestándose en acciones o incluso en el rostro ¿y todo esto porqué? pues porque no nos observamos y no somos conscientes de nuestras reacciones y expresiones, y porque no hemos sabido utilizar a la mente para controlar los deseos, las emociones y el cuerpo físico.

También lo que hacemos con el cuerpo físico afecta a los cuerpos superiores, por ejemplo, la repetición de tomar alcohol se convierte en un hábito que se asienta en el cuerpo vital; esto repercute en el cuerpo de deseos que nos tienta para que sigamos bebiendo y, si no tenemos suficiente voluntad y no sabemos imponer la razón, ese hábito hará que el cuerpo físico enferme. Pero eso no es lo peor, como sabemos, los cuerpos superiores están compuestos de materia más sutil y no mueren con el cuerpo físico porque aun tienen que hacer un trabajo para extraer el fruto de las experiencias. Por tanto, después de la muerte del cuerpo físico seguimos teniendo deseos y emociones, así es que, el alcohólico sufrirá muchísimo porque tendrá el deseo de beber y no lo podrá hacer por no tener cuerpo físico. Las drogas y otros productos tóxicos afectan al sistema nervioso cerebro-espinal y, como éste es la base de la actividad, las drogas impedirán el funcionamiento haciendo que el Ego extraiga poco provecho de la vida. Esto, a su vez, creará unas deudas kármicas que se manifestarán como enfermedades o deficiencias físicas en la próxima vida. Por todo esto se recalca tantas veces en ocultismo la necesidad de gobernar los vehículos para discernir y crear buenos sentimientos y deseos a la vez que se cuida el cuerpo físico.

Francisco Nieto