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viernes, 23 de junio de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE COMO PERSONALIDAD (III)






LA SANGRE, UN FLUIDO MUY ESPECIAL

            Sabemos perfectamente que: Primero, el mundo no es sólo lo que vemos puesto que hay leyes de la naturaleza y fuerzas que le transforman, y Segundo, al tratar a las personas no nos fijamos o nos quedamos solamente con la imagen que captan nuestros sentidos, sino que percibimos algo más que nos dice cómo sienten o piensan sobre determinados aspectos de la vida. Tanto en un caso como en otro, estos hechos representan algo más profundo, algo superior, mientras que lo que se percibe en los sentidos y lo que estudia la mente es lo inferior, que no es otra cosa que la expresión de lo superior. Por tanto, lo mismo que el mundo que vemos es la expresión o manifestación de las fuerzas que operan en los mundos espirituales, también nuestro cuerpo (y más aún el rostro) es la expresión de lo que ocurre en los vehículos superiores y del trabajo del Ego. El planeta muestra lo que las Jerarquías espirituales hacen en los mundos superiores, y nuestro cuerpo muestra lo que pasa internamente y la influencia y dirección del Ego pero, tanto en un caso como en otro, está basado en los arquetipos espirituales que progresivamente nos llevarán a ser a imagen de Dios. Hemos dicho que el Ego necesita de sus vehículos para expresarse así como experimentar para poder desarrollar los poderes del Espíritu, pero aunque todos los cuerpos sean importantes, el físico lo es más en la etapa actual, como veremos en los siguientes párrafos.

            Como algunos ocultistas afirman y como dice Mefistófeles a Fausto en la obra de Goethe,  “La sangre es un fluido especial”. La sangre es un fluido vital para el hombre porque es su sustento continuo y donde descarga lo que no le sirve. La sangre necesita hacer un proceso de combustión para purificarse de los venenos por medio de la oxigenación y de los alimentos puros. Así es que el ser interno se pone en contacto con el mundo externo gracias al aire que oxigena y renueva la sangre y gracias a las imágenes que le llegan por ese mismo medio para quedarse en el Átomo Simiente en el corazón, que es de donde se extraerá la película de la vida una vez que muera el cuerpo físico. El ser interno se expresa con sus vehículos superiores e invisibles en el cuerpo físico, pero de una forma u otra la sangre tiene una relación con ese proceso. El cuerpo etérico es el que anima al cuerpo o provoca la vida en la materia inorgánica facilitando, a la vez, que el Ego pueda controlar el cuerpo físico por medio de la sangre. Respecto a los otros dos cuerpos invisibles, (el emocional y el mental) para no extendernos ahora mucho, sólo diré que tanto los pensamientos como las emociones tienen su efecto sobre el cuerpo físico; por ejemplo: El hecho de pensar en algo que cause mucho miedo puede ponernos los pelos de punta o la piel de gallina. El cuerpo emocional o cuerpo de deseos eleva la substancia vital al mundo de las sensaciones, es decir, hace que el hombre sienta atracción o repulsión, placer o dolor, etc. El hombre tiene sensaciones gracias a las imágenes  que se forman en su interior como reflejo de lo que produce la sensación. Y el hombre puede razonar y responder a esas sensaciones desde lo interno (como un yo) gracias al cuerpo mental que, como todo y como ya veremos, está relacionado con los sistemas nerviosos y con el cerebro vitalizados y alimentados por la substancia vital y por la sangre.

            En la etapa que actualmente nos encontramos, evolutivamente hablando, lo que normalmente llamamos el “Ser”, se encuentra por encima de esos cuerpos y éste no es otro que el Yo. A cualquier cosa se le puede poner nombre excepto a este Yo porque solo el Espíritu mismo puede autoproclamarse Yo. La personalidad es la expresión del Ego y a través de ambos puede manifestarse el Espíritu, de aquí que no pueda ser penetrado por los sentidos y que deba surgir de lo más íntimo del Ser. Para manifestarse el Ego sobre esos cuerpos, el cuerpo etérico tiene que transmutar las substancias inorgánicas en vitalidad mientras que el cuerpo emocional transmuta las substancias vitales en sensaciones. Pero claro, un ser humano así sólo se sentiría a sí mismo y a su propio proceso vital, estaría como estaba hace millones de años y en el mismo estado de conciencia que se encuentran los animales. Es el sistema nervioso llamado simpático el que diferenció al hombre del animal cuando éste fue creado en el pasado, sin embargo, la conciencia del hombre era interna como es la del animal de hoy.

            Esa misma conciencia interna nos permitió ser “clarividentes” en las primeras razas, más que nada porque el sistema nervioso reflejaba el mundo externo creando, sin embargo, un mundo interno más amplio que el externo. Para que el yo interno tuviera relación con el mundo externo fue necesario añadir la médula espinal al sistema simpático y así, mediante el sistema cerebro-espinal y su relación con el simpático, nace el hombre actual de conciencia de vigilia. Por tanto, el yo interno siente lo que pasa fuera de su cuerpo gracias al sistema simpático; percibe lo que ocurre dentro gracias al sistema cerebro-espinal; y crea imágenes del mundo externo por medio de la materia del cuerpo emocional. El yo ha pasado por los estados de conciencia siguientes:

1º.- Conciencia profunda e interna y apenas comprensible para él.
2º.- Conciencia de vigilia o externa, unida a la razón.
3º.- Interna de nuevo, pero como Yo o auto-conciencia desde donde se puede auto-observar.

            El cuerpo etérico desarrolló al cuerpo emocional, y el sistema simpático se añadió al cerebro-espinal y, de esta forma (en aquella época lejana) lo que era un fluido en la forma o cuerpo, se fue convirtiendo en sangre. Así, la sangre es la expresión del cuerpo etérico y el sistema cerebro-espinal es la expresión del cuerpo de deseos o emocional también individualizado, por tanto, se dice en ocultismo que estos hechos fueron los que facilitaron el nacimiento del hombre y el poder de expresarse el Ego a través suyo. Junto a este nacimiento del yo en nosotros comenzó a desarrollarse la auto-conciencia y la razón. Hemos visto cómo el cuerpo etérico vitaliza la substancia externa que entra en el cuerpo físico, y cómo el cuerpo emocional trabaja las imágenes que llegan del exterior, lo que, a su vez, produce experiencias internas que se reflejan y que expresamos “en” o “a través” del cuerpo. La sangre mantiene al cuerpo físico vivo gracias a la labor del yo que se expresa en ella y que mantiene su temperatura, pero con esto solo no sería posible a no ser por el trabajo que hacen y la relación que hay entre los sistemas nerviosos y los cuerpos etérico y emocional.

            La sangre recibe las imágenes del mundo externo por medio del oxígeno pero también las que se producen en el cerebro llegan al Ego, y son estas imágenes las que, como fuerzas vivientes o constructoras, sustentan el funcionamiento del ser humano. En realidad, la sangre, en forma de oxígeno y nutrientes, es la que construye el cuerpo desde el punto de vista biológico, pero fue también la sangre la que permitió al Ego penetrar y expresarse desde dentro. Y es así como, desde entonces, el Ego ha desarrollado la voluntad que hace al hombre creador. Para que este Ego pueda auto-identificarse y expresarse, ha tenido que ocurrir todo lo explicado en estos párrafos, porque el yo solo puede expresarse desde dentro cuando es capaz de crear en sí mismo imágenes que le han llegado del exterior. Podríamos decir que la naturaleza del Ego está centrada en lo interno, mientras que su voluntad se dirige hacia el mundo externo en busca de experiencias para su evolución. La sangre hace de intermediaria porque, por un lado va hacia adentro para formar e informar al hombre interno, y por otro, vuelve a por oxígeno hacia el exterior, estando así entre el mundo interno de imágenes y el externo de seres vivientes.

            Desde que un niño nace y hasta que cumple aproximadamente 14 años, la médula ósea no está lo suficientemente desarrollada como para crear todos los corpúsculos sanguíneos necesarios. Esa necesidad está cubierta por la glándula timo que contiene cierta cantidad de dichos corpúsculos heredados de los padres; lo que hace que (al no poder estar el yo del niño aún en la sangre) el niño no sienta y, por tanto, no exprese el sentimiento de “yo soy”. Solo cuando el tercer éter del cuerpo etérico (el éter de luz) ha madurado entre los  14 y los 21 años es cuando la temperatura del cuerpo es normal, puesto que antes hay períodos de elevada temperatura y otros de lo contrario. Aun así, el Ego se puede ver expulsado del cuerpo físico por alguno de los siguientes motivos: Por mucho calor en la sangre, (por ejemplo, por pasión o excitación) por ira o emociones similares donde no se ha razonado, por locura, por obsesión y por frío. El grado idóneo que debe tener la sangre para que el Ego pueda estar dentro y hacer su función es de 37 grados y esto ocurre verdaderamente a la edad aproximada de 21 años, cuando ha madurado el cuarto éter del cuerpo etérico y cuando nace la mente que se ha estado desarrollando principalmente desde los 14 años. Ejemplos que demuestran que el Ego está en la sangre son:

1º.- El Ego centra su actividad sobre la sangre siempre que piensa, medita, calcula, etc., sin embargo, si quiere hacer eso después de una comilona no podrá hacerlo correctamente porque estará soñoliento a causa de que está centrado en la digestión.
2º.- Cuando una persona siente vergüenza o envía más sangre de lo normal a la cabeza, entonces se eleva la temperatura del cerebro y apenas se puede pensar.
3º.- Cuando se tiene fiebre el Ego se ve en gran parte fuera del cuerpo y eso hace que tenga delirios por la mezcla de imágenes internas y externas no razonadas.
4º.- El miedo “enfría” la sangre de las venas y se puede llegar  a tiritar o a castañetear los dientes y todo porque, como efecto, el Ego dirige la sangre hacia el centro del cuerpo palideciendo y perdiendo el calor periférico.

En Levítico, capítulo 17, versículo 14 se prohíbe a los judíos comer carne porque “el alma de toda carne está en la sangre”; en ese mismo capítulo versículo 11 dice: “Como el alma de la carne está en la sangre… la sangre misma es la mediadora para el alma.” Esto también viene a confirmar lo que estamos diciendo de que el Ego trabaja o se expresa por medio de la sangre, o mejor dicho, por el calor de la sangre. Los cuerpos se alimentan, en todos los sentidos, por medio de la sangre (física, moral y espiritualmente) ya que en ella van también imágenes del exterior, bien sean de hechos, de personas o de otros espíritus que ayudan a la humanidad. Por eso algunos ocultistas afirman que en la sangre está almacenada toda la información de sus antepasados,  todas las imágenes de los Espíritus que guían a la humanidad más de cerca, más, en parte, lo que se está preparando para el futuro. De aquí que cuando a una persona le hipnotizan o esté en estado de sonambulismo, su conciencia es tan profunda que no sea consciente como en la conciencia de vigilia pero sí de las imágenes que ha formado en lo interno por medio de la sangre. Así es que, el hombre interno se ha formado también en gran parte por lo que le ha llegado de los Ángeles, de los Arcángeles y de sus antepasados por medio de la herencia sanguínea. 

Francisco Nieto

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